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Archivo de la categoría: Viajes

Por esa gran mujer

Éste año, en nuestra visita a Houston, llegamos tarde.

Llegamos tarde para despedirnos de tio Quico, Enrique Raso, llegamos tarde para despedirnos de Avi, Lluís Delclós, y llegamos tarde una vez mas para despedirnos de Karma, la gatita que Carlos adoptó en la universidad.

Llegamos a tiempo, eso si, para alguno de los muchos actos conmemorativos que se realizaron en nombre de Avi. Mucho oímos sobre él, sobre sus logros en el campo médico, sobre lo feliz que había hecho a su gran familia, sobre su infancia, sobre sus viajes, sobre su inteligencia, sobre su migración a estados unidos, sobre su amor por la comida.

Algo eché de menos entre todas esas palabras pero que tampoco me atreví a decir yo, pues llevo poco en esa familia y lo de hablar en público no es lo mio. Eché de menos conmemorarla a ella, a Avia, a Teresa Clanchet. No me gusta usar esa frase de “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”, no me gusta porque sitúa a la mujer detrás, en un segundo plato, con menor importancia, pero no negaré el acierto de la frase en ésta situación. Avia siempre estuvo ahí, no detrás, si no al lado, y por lo menos la mitad de lo que Avi hizo en su vida, desde que le conoce, merece agradecimiento a Avia también. Es un secreto a voces que esa mujer era imprescindible en su vida, y por supuesto también en la de sus hijos y nietos.

Ésta vez tocaba conmemorarle a él, pero de todos los presentes, yo la conmemoro a ella. Porque Lluís ya no está aquí ni tiene de qué preocuparse. Pero Teresa tendrá que seguir luchando, y ahora con el dolor de la pérdida. Afortunadamente tiene una gran familia que le ha dado, le da y le dará todo el amor que esté en sus manos. Pero el vacío que deja un compañero, no se puede llenar.

Molta força Teri, t’estimem moltísim, i tens el nostre recolçament pel que faci falta, ara i sempre.

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Publicado por en 25 julio, 2016 en txt, Viajes

 

Violencia en 6th street

Austin, TX, Estados Unidos. Sábado por la noche.

Cada fin de semana, como buena ciudad universitaria que es, el centro de la ciudad se llena de jóvenes saliendo de fiesta, 6th street es la calle mas popular. La calle y los bares estaban llenos. Nos encontrábamos en un bar llamado Sing Loud, donde dos pianos, con sus pianistas, interpretan versiones, se duelan mutuamente, invitan a clientes al escenario y bromean alegremente, mientras los presentes disfrutan del espectáculo tomando una copa sobrevalorada.

Eramos ocho chicas celebrando el próximo enlace nupcial de nuestra amiga (futura cuñada) Kelly. Había sido una mañana maravillosa en el río San Marcos, una tarde relajada en la piscina, una noche divertida de baile, y Kelly cantando en el escenario la primera canción que bailó con su futuro marido a duo con el pianista, había sido la guinda del pastel.

Eran casi las 2 de la mañana y el mencionado bar, junto a todos los demás, se disponía a cerrar. Salimos y la calle estaba abarrotada de todos aquellos que estaban abandonando sus locales. Entre el gentío, seis policías montados atravesaban la calle en formación. Algo oyeron que les hizo girar. Saqué la cámara y me puse a grabar. Arrearon a los caballos y cargaron contra la multitud, que corría hacía donde podía presa del miedo. Tenían dos objetivos: despejar la calle rápido y a la fuerza, y una chica.

Entre dos policías acorralaron a la joven. De aspecto latina. Menuda. Top negro, falda roja. Uno de ellos le agarró de la melena desde el caballo mientras el otro se aseguraba que nadie se acercara. La chica luchaba por desprenderse, golpeando torpemente el musculado pecho del equino. En algún momento se escapó de las garras del policía, pero el otro le agarró de igual bárbara manera. Un joven se acercó. Quizás su novio, quizás su amigo, quizás un completo desconocido. Se acercó para defenderla y arremetió verbalmente contra el policía, cuestionando su juicio y su desmedida actuación. Entre la multitud confusa e inquieta apenas pude oírle. Pero escuché algo así como “¿Qué vas a hacer, sacar el arma?”.

La mitad de mis amigas estaban ya lejos del escenario. Una de ellas intentaba alejarnos de ahí a las que aun quedábamos. We gotta go, we gotta go, we gotta go… Un vecino tiró agua desde un balcón a los policías, que seguían reteniendo a la chica del pelo. Pero lo que me hizo decidirme a irme fue escuchar la palabra gun repetidas veces. Ésto no es España, pensé, aquí la policía dispara y mata por menos que ésto. Y me alejé. No vi ni grabé lo que sucedió después, pero algunas de mis amigas si, vieron como echaban spray pimienta al chaval que la defendía. Los curiosos que quedaban, ahora si, huímos despavoridos. Pude oler el vómito que provocó el ataque con el spray. Vi tres chicas huyendo de allí con los ojos llorosos tapándose nariz y boca. Vi también como entre 4 policías montados y dos a pie se llevaban, arrastrándola del pelo, a la chica del principio, hacia las furgonetas que tenían aparcadas en la esquina.

No encontramos mención de los sucedido en twitter. Tampoco en ningún telediario. El mundo estaba demasiado absorbido por los policías abatidos en Dallas unos días antes. Y no había noticias por algo muy sencillo: lo sucedido no era nada extraordinario, ese es el día a día en las calles de Austin. En cuanto empiezan a cerrar los bares, la policía montada desaloja la calle a hostias. No se les ocurre que las muchedumbres necesitan un tiempo para deshacerse naturalmente. No se les ocurre que cada uno ya estaba, antes de que llegaran, dirigiéndose lentamente hacia sus casas. No se les ocurre que con su presencia, con su actitud, con sus acciones, estén creando de la nada situaciones peligrosas para todos los presentes (transeúntes, vecinos, policías y caballos). No se les ocurre que éstas acciones no hacen mas que generar odio. Que la violencia genera violencia. Y quien empieza tiene la mayoría de la culpa.

 
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Publicado por en 10 julio, 2016 en txt, Viajes

 

Ayer cerré los ojos y el mundo desapareció

Los límites de mi cuerpo se volvieron difusos, palpitantes, crecían y se encogían. Dolía. Todo mi perímetro dolía, y mi coronilla mas aun. Tuve que aprender a dejarme llevar. A dejar que mi cuerpo se disolviera en cada expiración. Me dejé ir. Oía pájaros. El dolor cesó y mi cuerpo se disolvió un poquito. Me dejé ir mas y mi cuerpo siguió disolviéndose. Hasta que de mi cuerpo no quedó nada. Todo mi perímetro se desdibujó y solo quedaron ondas y el sonido de pájaros en un parque con una fuente.

Pasaba la lengua por mis dientes y se dibujaban todos y cada uno de ellos, por delante y por detrás. Veía su forma con una linea azulada que se volvía a desvanecer en cuanto mi lengua dejaba de tocar esa zona. Mi boca era entonces una playa, la lengua el mar, el paladar el cielo. Y yo volvía a desaparecer. Solo sentía la coronilla, como si tuviera un pesado cono que me oprimía el cráneo. A ratos los pies. A ratos una presión en el útero. Pero al margen de eso no había nada. Solo ondas. Ondas finas y gruesas, amplias y estrechas, rápidas y lentas, que se acaban convirtiendo en una sola onda tridimensional. Porque en realidad solo existe una onda. Un manto de color amarillento que ondulaba en todas direcciones como un mar mecido por el viento. Todo estaba allí. Yo estaba allí. Pero yo no era yo. Yo no era nada. Nada era nada. Mi cabeza asomaba por el manto de la conciencia solo por que allí estaba poniendo mi atención. Cuando puse la atención en mi atención, desapareció. El cono del cráneo desapareció. Mi mente asomando por el manto desapareció. Y yo no era nada. Formaba parte del todo.

El manto era solo una capa. Uno de infinitos mantos formando otro manto. Que a su vez no eran mas que una estrella en un universo. Que a su vez no era mas que una estrella de otro universo. Que a su vez no era mas que el brillo en el iris de un gato de otro universo. Y así vi la inmensidad, vi el infinito. Vi la nada. Vi el todo. Y no tuve miedo. Porque no había nada que tuviera mas sentido que dejarse llevar. Cualquier cosa que me dijera era estúpida. La racionalización era estúpida. Éste post es estúpido. Porque nada puede poner en palabras aquello que se siente. Nada puede describir la nada y el todo.

Abría un ojo para asegurarme de que el mundo seguía ahí. Nada se había movido. La cama, la puerta, la mesa, el sofá, Carlos, Chris, los gatos. Todo estaba ahí pero solo ahí. Cerraba los ojos y todo volvía a desaparecer. Porque el mundo que habitamos juega con límites que solo existen en este mundo. Está compartimentado en cáscaras. Pero fuera de ésta dimensión nada de esto importa. Porque nada de esto existe. Nada existe.

Confié en mi cuerpo. En su función. En su capacidad de mantenerme con vida. Y no me importó que estuviera deshidratada, que tuviera la tensión baja, que estuviera mareada, o que el sujetador me presionara el pecho. Confié en que mi cuerpo supiera mantenerme con vida, porque eso es todo lo que sabe hacer. Y me dejé llevar. Dejé que mi mente se desvaneciera en una fiesta eléctrica. Y no me importó que quizás me equivocara y me dejara llevar demasiado y mi cuerpo olvidara respirar. Lo peor que podría pasar sería morir. Morir solo significaría dejar esa cáscara que al fin y al cabo ya no sentía. No ser nada. Formar parte del todo. Y eso no tiene nada de malo.

Me resistí a quitarme el sujetador por que en éste plano no estaba sola. Y en éste plano importa la desnudez, especialmente la de mi género. Pero no existe tal cosa como el género. No importa la desnudez. No importa nada. Porque nada de esto existe. De todas formas sabía que iba a tener que volver, así que obedecí las estúpidas normas sociales del pudor y no hice nada. Solo me dejé llevar.

La música a veces sonaba, a veces estaba demasiado lejos para oírla. Las ondas melódicas eran todas las mismas. Eran distintas, pero en el fondo las mismas. Me pregunté si todos los músicos conocían esta verdad. Si todos los músicos habían visto esta onda amarillenta y por eso escribían sus canciones acorde con ella. Pero no. Las melodías son acordes con las ondas porque solo existe una onda. Una onda que incluye todas las ondas y no se puede crear nada fuera de esa onda. Incluye todo. No hay nada fuera del todo.

Y así sentí el todo, sentí la nada, sentí lo que es la vida y no tiene nada que ver con lo que había creído que era la vida. Siempre supe que esa era la realidad. Pero no es lo mismo saber que ver. Saber que sentir. Y no se puede des-ver lo que se ha visto. No se puede des-sentir lo que se ha sentido.

 
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Publicado por en 26 octubre, 2015 en Hoy, txt, Viajes

 

Interacciones aleatorias

Dejadme que os diga algo sobre los tejanos (de Texas), que creo que es común, en general, con todo el sur de Estados Unidos: Son muy majos. Creo que la palabra mas correcta es “friendly”, pero no se como traducirla. El término “amistoso” no me acaba de entusiasmar.

Os pondré un ejemplo. La primera vez que estuve allí, uno de los primeros días, fuimos a un restaurante (que si no recuerdo mal fue Hobbit café), y mientras nos sentábamos, vinieron dos chicos que nos saludaron, nos preguntaron que qué tal estábamos y empezaron a hablar (ni idea de qué dijeron, para entonces mi oído no estaba entrenado y no entendía ni papa), pero lo hicieron de tal manera que yo estaba convencidísima de que eran amigos de alguno (si no de todos) los que me acompañaban en la cena. Yo estaba esperando a que se sentaran con nosotros, o me los presentaran o algo, pero se marcharon. Pregunté a Carlos quienes eran y me sorprendió diciendo que eran los camareros. Por lo visto solo se estaban presentando y dándonos la bienvenida al restaurante.

Otro ejemplo. Iba yo ésta última vez por el supermercado, acompañando a Sara a comprar varios utensilios de limpieza. Caminaba por los pasillos con una escoba en la mano buscando un cubo para la fregona por un pasillo, mientras Sara buscaba por otro. De repente, una voz femenina empezó a hablar a mi lado, tardé un instante en darme cuenta de que me hablaba a mi (pero a quién si no? No había mas gente en el pasillo). No estaba delante mio, ni dentro de mi campo de visión, me tuve que dar la vuelta para ver a aquella mujer sonriente mirándome y señalando al fondo del pasillo y recomendando que mirara unas escobas de colorines que puede que me gustaran.

Es extraño cuando no estás acostumbrado. Las interacciones con desconocidos no ocurren constantemente como en una gran ciudad como Barcelona. Ocurren en restaurantes y comercios. Pero allí todos te hablan con la amable confianza con que se le habla a un amigo de toda la vida. Obviamente las conversaciones que se llevan a cabo son superficiales y banales. Pero es por lo menos muy curioso. Nunca se como reaccionar a éstas interacciones con gente aleatoria. Primero porque como te suelen pillar de sopetón, nunca entiendo el principio de lo que me han dicho, y después porque es todo muy rápido y necesito por lo menos un segundo para procesar, ordenar, formular una respuesta y soltarla. Al final acabo simplemente riendo y soltando algún monosílabo. No se si es la mejor opción, pero no me sale otra cosa.

A propósito de ésto, me comentaba Alessia que cuando fue a Boston le parecieron todos muy bordes. Si no recuerdo mal, me contó que estaba en los vestuarios de una tienda de ropa y le comentó a una chica que estaba allí que le quedaba muy bien la blusa, o algo por el estilo. Comentario que en Houston es normal hacer con un completo desconocido, pero en Boston por lo visto no, y dijo que la chica se le quedó mirando con cara de “¿y tu por qué me estás hablando?”. ¡Y la entiendo! No digo, ni por asomo, que me parezca mal la actitud amigable con los desconocidos. Es agradable, es muy agradable, te hace sentir bienvenido allá donde estés. Pero si no te lo esperas es muy desconcertante. Y en cualquier caso me parece un rasgo cultural bastante curioso.

¡Nada mas por hoy! No se cual es el estereotipo con respecto al carácter de los tejanos, pero os aseguro que por lo general y por lo menos en lo superficial, son todos la mar de majos.

Hasta la próxima :)

 
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Publicado por en 3 junio, 2013 en txt, Viajes

 

Escapaditas de agosto (II)

Ana y yo nos conocemos desde hace ya 10 años, y aunque hemos pasado alguna época distanciadas, estamos muy unidas desde entonces y por supuesto lo seguimos estando. Y en todo éste tiempo, no nos habíamos ido de vacaciones juntas. Hemos quedado millones de veces, hemos ido de fiesta, hemos dormido una en casa de la otra, y si, hemos ido de vacaciones en una ocasión con un grupo de amigos (a Cantabria, hace 5 años), pero solas ella y yo nunca, y lo teníamos pendiente.

Hicimos el tetris que pudimos entre las vacaciones de una y de la otra y solo teníamos 3 días libres para nosotras, así que los reservamos. Nuestro único objetivo era playa y relax sin importar donde, pero como por alguna razón siempre que hacemos éstas escapadas (por nuestra cuenta) acabamos en la costa Brava (Girona), ésta vez buscamos por la costa Daurada (Tarragona). Otras cosas fueron ocupando nuestro tiempo y no fue hasta la semana anterior a irnos que encontramos un alojamiento que se acercara a nuestro limitado presupuesto. El destino final fue: Salou!

Domingo día 12 nos fuimos para allí. Creo que tardamos mas en encontrar un aparcamiento una vez allí que en el viaje desde Barcelona, y el trato en recepción no fue el mas agradable del mundo (condiciones que tenían que ser unas y eran otras, mucha gente, cobraban hasta para respirar…), pero una vez habiendo descargado todo en el apartamento el único pensamiento que quedó fue: ¿vamos a comer? Así que comimos, dimos una vuelta, hicimos la compra para el finde, fuimos a la playa, decidimos que estaba demasiado llena, fuimos a la piscina del hotel, una ducha, cenamos ligerito (y el mejor melón que he comido en mucho tiempo), nos pusimos guapas, y nos fuimos a tomar algo. Estando como está de repleta la zona turística (cerca de la cual estábamos), las tiendas están abiertas hasta pasadas las 12, así que básicamente estuvimos mirando chorradas hasta que nos aburrimos y alguien nos dio un par de flyers para tomar una copa por 3€ en un bar de música rock ahí cerca… y allí que fuimos. ¡Hacía años que no me tomaba un cubata! Había olvidado lo rico que está el vodka negro xD

No muy tarde ya estábamos en la cama, y aunque la conversación y el calor no nos dejaron dormir mucho, al final caímos. A la mañana siguiente eran las 10 y ya estábamos con los ojos abiertos y convencidas de que sería la 1 de la luz que entraba. Ésta vez fuimos mas decididas a ir a la playa por la mañana, pero seguía estando definitivamente demasiado abarrotada para nuestro gusto, y dado que venimos de una ciudad con playa, tampoco me sabe mal sustituirla por la piscina, que de eso sí que no tengo. Y eso fue básicamente lo que hicimos todo el día: piscina, comer, piscina, ducha, cena (el resto del melón), salir a dar una vuelta de noche y comernos un gofre o una crepe, y a dormir de nuevo.

¡Con ésto se acabó nuestra escapada! A la mañana siguiente, prontito, teníamos que tener recogido y limpio el apartamento para devolver las llaves y que nos devolvieran la fianza. Por suerte conseguimos alargar un poco mas la estancia entrando de nuevo en el reciento y quedándonos en la piscina toda la mañana y hasta después de comer. Al final tocó volver a la carretera y de nuevo a Barcelona.

En resumen, 2 días relax y playa piscina, donde tostarnos al sol, comer ligero, y tener un tiempo para nosotras, que ya tocaba :) ¡Espero que no sea la última vez que hacemos ésto! ¡¡Y que sea antes de 5 años!! Pero la próxima lo planeamos con mas calma y nos reservamos por lo menos un día mas, eh? :)

Banda sonora del viaje: Abba a la ida, Queen a la vuelta.

Fauna local: guiris francófonos.

 

P.D: Yo también odio las fotos en el espejo, lo siento, pero no nos quedó otro remedio.

P.D.2: ¡Se acabaron mis vacaciones!

 
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Publicado por en 21 agosto, 2012 en Viajes

 

Escapaditas de agosto (I)

Creer que vas a pasar todo el verano trabajando (y sin cobrar) fastidia bastante, pero dado que tengo findes de 3 días, y un presupuesto ajustadísimo que tampoco me iba a dar para mas, pues mira, mas que aprenderé y menos que gastaré. Pero cuando te dicen que vas a tener 2 semanitas libres, desde luego, es una grata sorpresa.

Llevábamos tiempo Carlos y yo buscando algo que hacer para algún fin de semana de agosto, pero no acabábamos de ponernos a pensar en ello seriamente. Lo único que teníamos claro es que queríamos una escapada de relax total en que ir a la playa (o semejante), comer y dormir fueran nuestras únicas dedicaciones. Al final, hablando con Judit, que estaba buscando básicamente lo mismo para hacer una escapada con mi hermano, me comentó que sus tíos tenían un apartamento en Puigcerdà que quedaba libre la primera semana de agosto, así que nos fuimos los cuatro para allí.

Carlos y yo estuvimos a punto de no ir porque el día anterior Durruti (su/nuestro gato) se puso malo y lo tuvimos que llevar de urgencias al veterinario, pero resultó no ser nada mas que algo de fiebre y al día siguiente estaba como nuevo, así que aunque un poco inseguros por su estado, le dejamos a los cuidados de mi madre y seguimos el plan estipulado. El lunes 6 bien prontito nos subimos al coche y fuimos para Puigcerdà. Debían ser dos horas de camino, pero debimos coger la desviación que no era en algún momento, porque, aunque llegamos al destino esperado, nos comimos nada mas y nada menos que 26km de curvas (1 hora mas de trayecto), eso si, sin peajes (nada mas faltaría).

Una vez encontrado el apartamento, nuestra primera misión fue encontrar un supermercado donde hacer la compra. Seguido de comer, una buena siesta, y básicamente visitar el pueblo (de considerable pijerío), lo que significa ir hacia el centro y visitar el parque con el estanque. Al día siguiente, mas situados y organizados, volvimos al estanque y dimos un paseíto en barca por parejas en el mismo. A pesar de que los remos eran desiguales, o quizás gracias a ello, fue bastante divertido intentar domar la barca esquivando patos y cisnes (mas bien ellos nos esquivaban a nosotros) por el estanque.

A la tarde fuimos a Llívia, un pueblo a apenas a uno o dos kilómetros de Puigcerdà que se encuentra en realidad como en una islita española en pleno Pirineo francés. Ésto último significa olvidarse de los teléfonos móviles, muy especialmente si se tiene internet, dado que se emplea casi inevitablemente señal francesa y eso puede conllevar la ruina. Del pueblo poco a destacar, tiene el aspecto de la mayoría de pueblos de la zona: calles pequeñas, casas de piedra y tejados de pizarra. Mucho encanto, sin duda! Habíamos leído además que esa noche en la parroquia del pueblo tocaba la filarmónica de Berlín y nos pasamos para informarnos. Los precios de la entrada eran bastante desorbitados, así que lo descartamos. De todas formas nos pasamos esa tarde a visitar la parroquia. Los bancos habían sido acolchados y patrocinados por Epson, lo cual ya era bastante sacrílego, pero ver que las escaleras y el suelo estaba formado por sepulturas del siglo XVII ya fue el colmo. Sé que se solía hacer, pero no me gusta caminar sobre la tumba de la gente, qué quieres que te diga.

Fuimos a cenar prontito una buena fondue a la Formatgería, una antigua fábrica de quesos convertida en un restaurante. Tras lo cual nos fuimos a otro pueblo muy pequeño de la comarca, Das, donde un cuarteto de jazz catalano-francés tocaba en la terraza de un bar esa noche. Pasada la media noche decidimos volver a casa, o por lo menos nosotras. Abel y Carlos tenían otros planes. Habían estudiado por la mañana una ruta para hacer una excursión nocturna por el campo desde Das hasta Puigcerdà. Aprovecharon además que había una noche despejada y se guiaron solo de las estrellas y un pequeño mapa para volver, aunque disponían de GPS por si las moscas. Al final no lo necesitaron pero, mientras Judit y yo habíamos tardado exactamente 12 minutos en llegar de Das al apartamento en coche, Abel y Carlos tardaron aproximadamente 5 horas. Vaya un machaque.

Por si fuera poco al día siguiente, miércoles, madrugábamos. Habíamos concertado a las 10 de la mañana un paseo en caballo en una hípica de Llívia, y para allí que fuimos. Carlos era el único que había montado a caballo alguna vez, el resto éramos y somos unos totales novatos, pero el paseíto no fue nada mal, al fin y al cabo era una ruta por el campo que debían repetir varias veces al día. Encima de un caballo, el animal parece, en mi opinión, mucho mas torpe de lo que lo parece desde abajo, probablemente porque el menear de su cuerpo y el de un humano al caminar no se ajusta para nada, y todo se vuelve tropezoso. Justiciero, que es como se llamaba el que yo llevaba, no me hacía prácticamente caso, solo quería comer cada hierbajo que nos encontrábamos en el camino, pero que a mi me supiera mal tanto darle con el tacón como tirarle de las riendas, así como mi total y absoluta falta de experiencia, hacía que la insumisión fuera inevitable. No me importa, en el fondo no se portó nada mal.

Esa misma tarde, con un dolor de culo que duró varios días, Carlos y yo nos volvimos a Barcelona en tren, que tres eran muchos días sin ver al pequeño Durruti. Abel y Judit se quedaron hasta el viernes.

Y hasta aquí la primera escapada. Las iba a contar las 2 en el mismo post, pero como al final he contado mas detalles de la cuenta de la primera, ésto se ha alargado demasiado. Así que Salou lo explicaré en otra entrada. ¡Hasta la próxima!

 

P.D: Banda sonora del viaje: lo que sonara en la primera radio local que pillamos con el radiocassette.

P.D.2: Fauna y flora local: pijos y pinos.

 
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Publicado por en 17 agosto, 2012 en Viajes

 

Random thoughts

Me quedé corta con la explicación que hice sobre la Semana Santa en Tejas. Así que he decidido añadir sin orden específico unas cuantas reflexiones que han ido surgiendo de la estancia.

– Algo que ocurre en la estancias cortas, es que en 10 días no te da tiempo de echar de menos casi nada, como la comida casera y esas cosas. Pero si algo he echado de menos, además de dar un paseo, fue hacer yoga ¡ay, que qué ganas tenía de volver a estirarme!.

– Por otra parte, si algo tiene de bueno ir en coche a todas partes, ergo no caminar, y el aire acondicionado alto allá donde vayas, es que llevar zapatos de tacón no es un suplicio, ya que ni caminas mucho, ni tienes los pies hinchados del uso + el calor. Así que a lucir sin sufrir, fíjate que bien…

– A pesar de lo tremendamente cuidadas que estaban las carreteras, era común ver trozos de neumático en los arcenes, clara reminiscencia de un reventón. Pero no hablamos de un trocito, ni hablamos de un pinchazo. Hablamos de un trozo de neumático mas grande que mi brazo fruto de un señor reventón con accidente asegurado. Por suerte solía haber escapadas a ambos lados de la carretera, nada de barrancos (es todo plano), por lo que deseo y espero que no hayan sido en definitiva accidentes graves.

– Fuimos a ver una obra de teatro donde actuaban dos de las primas de Carlos: Alejandra y Katerina Mangini. Representaban el musical de Ragtime. En él, tres grupos diferenciados de principios del s.XX en Estados Unidos: blancos acomodados, negros, e inmigrantes, explicaban sus respectivas (y entrelazadas) historias mezclando hechos históricos con fantasía. Mi reflexión al respecto se fundamenta en el tema del racismo. Y es que por muy sensibilizados que estén en ese país sobre el tema de la discriminación racial, especialmente con respecto a la raza negra, en la obra se decían no pocas veces palabras peyorativas contra las personas de color. Podemos decir que es un reflejo de la época, que era racista, y que lo representan así por fidelidad historica. Y de hecho así lo especificaron a principio de la obra. Ok. Pero entonces ¿Por qué el representante de los inmigrantes, un judío que fue en busca del sueño americano, y se encontró con pobreza y discriminación no puede decir “maldita América” y cambia el adjetivo por una palabra sin sentido? ¿Por qué no pueden expresar el descontento con la situación, ni decir ninguna otra palabrota, pero sí insultar a la cara a un chaval por ser negro? O todo o nada, pero así: no.

– Y hablando de inmigración, al llegar nosotros a la frontera, la atención recibida no fue la mas agradable, en contraste sobretodo con la primera ocasión. Ésta vez, la mujer que nos atendió, para empezar no dejó que pasara junto a Carlos, ni que él estuviera presente en mi turno, porque había que ir de uno en uno, y poco le importó que yo pudiera necesitar alguien bilingüe que me ayudara a responder a sus preguntas. Preguntas que además me parecieron sin sentido. Primero preguntó que donde trabajaba, ante la negativa de que estuviera trabajando, y su cara de alucine, preguntó que qué hacía, le dije que estudiaba, y no contenta con esa respuesta preguntó que cuando empezaban las clases. Me costó un poco pero al final comprendí que le extrañaba que estuviera en Estados Unidos y no en clase, que quedó fácilmente justificado con el hecho de que tenía vacaciones. Si, señora, sorpresa, resulta que no en todos los países se hacen vacaciones a la vez. Aunque mi alucine principal fue: ¿a ti que te importa si hago campana? Pero bueno, supongo que lo importante es que me dejara pasar sin problemas.

– Todos estaban muy interesados por el tema de la crisis y de la reciente huelga general. Preguntaban sobre la situación aquí y alucinaban. No pocos eran los que, sinceramente preocupados, se cuestionaban que carajo hacemos todavía en España, y por qué no hemos vuelto (para Carlos) / inmigrado (para mi) ya a EEUU. Allí no hay crisis. Y siendo Carlos ciudadano y con doctorado, encontrar trabajo bien pagado no sería un problema. Una lo analiza objetivamente, y el planteamiento no es descabellado, lo se. Muchos están huyendo del país para poder ganarse el pan, y nosotros lo tenemos fácil para ir para allí. Pero ni quiero yo, ni quiere él. Otra cosa es que sabemos que no vamos a pasar hambre porque en caso de necesidad, solo tenemos que hacer las maletas y comprar un billete de avión. Pero no es una opción a la que nos vayamos a acoger si no hace falta. Espero que no llegue ese día.

– Vi por la televisión, en un par de ocasiones, un anuncio de Dr. Pepper que llamó mi atención, aun siendo bastante malo. Uno de los extras de ese anuncio, con el que había hablado en la grabación de un anuncio de Guillette en otoño, me lo había descrito y lo reconocí. Efectivamente, ese anuncio había estado grabado en Barcelona el verano pasado. Éste hombre había deducido erróneamente que, estando el anuncio grabado aquí, era señal de que iban a comercializar tal bebida en España, e ilusa de mi, me lo creí. Pero dado que también aseguró que se trataba de un “nuevo sabor de Coca-Cola”, cuando sé que realmente ni es nuevo ni es de Coca-Cola, no se por qué me creí la otra afirmación. De todas formas, tampoco me debería extrañar que vengan aquí a hacer anuncios. De 3 anuncios que he rodado (el de Guillette incluido), 2 de ellos tenían productoras inglesas, y de algún casting al que he acudido, que no han sido muchos, al menos en dos ocasiones la marca anunciante era francesa. Les debemos salir muy baratos.

– Aún me sorprende por un lado el tamaño de los platos (ésto es, de la parte que se come, no de la vajilla, aunque obviamente va acorde) y lo gorda que llega a ser la gente. No me cabe duda de que una retroalimenta la otra, literalmente. Pero no hablo de gordos en cuanto a cantidad de gente gorda, que también, si no lo MUY gordos que llegan a ser algunos gordos. Y me sorprende especialmente en los niños. Por que un adulto… bueno… ha tenido 40, 50 años para acumular grasa, el metabolismo nos traiciona con la edad, se va sedentarizando la vida. Podemos decir que es normal. Pero esos niños gordos hasta reventar no los entiendo ¡Pero si están creciendo! ¿Cuanto y/o qué tienen que comer para ponerse así? ¿Cómo sus padres pueden ver que su hijo está tomando forma esférica y no hacen nada para remediarlo? Que no es puramente estético, eh? Que también importa, porque esos niños mas que ternura despiertan asco (especialmente si los estás viendo comer). Pero se trata de salud. Tienen escrito en la frente “infarto a los 30”, si no “a los 20”. De verdad, éstas cosas no las consigo entender. Tanta obsesión con la salud, y no se percatan de algo tan fundamental…

– En ese orden de cosas, y enlazando también con lo anterior. Si aquí la tele parece falsa, ya sabes, todos guapos, delgados y perfectamente peinados y maquillados, allí ya es ridículo. Hay que decir que por lo menos en las series y las películas españolas hay gente fea o poco atractiva, gente normal al fin y al cabo, y solo hay que echar un vistazo a cualquier película de Hollywood para ver la obsesión por el perfeccionismo que promulgan. Pero la realidad americana está mucho mas lejos de su ideal de lo que está en España (si es que aquí podemos considerar nuestras producciones cinematográficas el reflejo de un ideal… que lo dudo).

– Y hablando de falsedad. Las verduras allí dan miedo. Los pimientos son brillantes, lisos, perfectos. Demasiado perfectos, parecen de plástico. Y pasan 2 días fuera de la nevera ¡y siguen perfectos! Los avances de la comida transgénica, lejos de fascinarme, me da un miedo terrible. Yo quiero verduras que los bichos quieran comerse y me las tenga que comer aun frescas porque se estropean con el tiempo.

– Por último comentar que el escaso tiempo que estuve en el aeropuerto de Londres, pude corroborar dos de los mitos que protagonizan. Por un lado: la reina. En las tiendas de souvenirs  estaban plagadas de imágenes de la realeza (junto al big ben, autobuses de dos pisos y cabinas de teléfono rojas). Me consta que entre los lugareños el tema de la reina, mas que un orgullo, es un chiste nacional (como viene siendo especialmente últimamente nuestra familia real), pero aun así, tanta reina por todas partes es poco menos que curioso. El otro mito corroborado es su mal gusto a la hora de vestir. No voy a decir que son todos, porque no, pero con echar una mirada mas o menos activa entre los clientes del bar, había mas de uno (o una) que dolía a la vista.

Y creo que con ésto termino. Para ser tan solo una semana ha dado mucho de sí. Recuerdo que del mes que pasé hace dos años hice un resumen bastante minimalista. Espero que os haya gustado y, como siempre, los comentarios son bienvenidos.

¡Un beso!

 
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Publicado por en 18 abril, 2012 en Viajes