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Globalización de 20 en 20 segundos

Entre las cosas que tiene la globalización, existe un fenómeno que últimamente llama mi atención. Todo lo que pasa en EEUU es el centro de atención, también en España. No negaremos que siendo uno de los países mas influyentes del mundo, tanto culturalmente, como por su política exterior, por ejemplo, lo que ocurre en ese país nos atañe nos guste o no. Pero hay ciertos temas que son exclusivos de sus dinámicas internas que poco sentido tiene que se debatan al otro lado del charco.

Un ejemplo claro es dar el pecho en público. Aparentemente “breastfeeding in public is an issue” en gringolandia. No creo que haga falta decir que censurar tal acto me parece aberrante. Amigos míos: las tetas están estrictamente diseñadas para amamantar a un bebé. Que luego los adultos se diviertan con ellas es otro tema, pero su sexualización es cosa nuestra, la naturaleza (o Dios, si quieres) las puso ahí para algo muy distinto. Y alimentar a un bebé cuando éste tenga hambre de forma cómoda para ambos, madre e hijo, es mucho mas importante a que a alguien no le apetezca ver de refilón la porción de un pezón. Prueba una cosa, si no quieres ver la teta: mira para otro lado.

Por alguna razón éste tema se ha hecho viral. Me parece maravilloso que las mujeres estadounidenses estén luchando por ganar esa importante batalla contra el puritanismo. Pero me parece ridículo cuando veo gente, aquí, que esta debatiéndolo como si hubiera algo que debatir. Ésto es, no hay nada malo en tenerlo en cuenta por solidaridad con las mujeres de otros países (igual que se habla de otras muchas cosas), pero siento que discutirlo como se discute aquí ahora, donde nunca fue un problema, hace que algunos se lo replanteen y empiecen a formarse ideas negativas en torno a ello.

Supongo que es parte de la magia de Internet. Lees sobre cosas que ocurren en distintas partes del mundo. Lees lo que la gente piensa. Lees lo que la gente cree. Abres tus fronteras de conocimiento y formas nuevas ideas, nuevas opiniones sobre cosas que ni sabías que existían, o opiniones mejor informadas sobre lo que sí. En teoría. En la práctica siento que lo único que recibimos es una avalancha de información super procesada por los mismos medios de divulgación masiva que ahora moldean el pensamiento, no solo de los habitantes de su país, si no de todo occidente. Que al menos un cuarto de mis contactos de facebook vivan en EEUU no ayuda, lo se, pero recibo ésta información también de otros amigos que no han pisado América en su vida.

Querida humanidad, es maravilloso ampliar fronteras (o destrozarlas), pero lo único que estamos haciendo es dejarnos comer por un pez mas grande. Si perdemos la diferenciación, perdemos perspectiva, perdemos capacidad de crítica, perdemos riqueza cultural. En definitiva, perdemos. Solo vemos los problemas del vecino y no los propios. Nos escandalizamos por los chavales negros asesinados a manos de policías sin razón en estados unidos, y no nos damos cuenta de los africanos que meten en centros de internamiento por intentar ganarse la vida en las calles de Barcelona vendiendo bolsos a turistas. Y lo peor es que no nos damos cuenta de que, aunque sean situaciones muy distintas, ambos problemas tienen raíces comunes porque los documentales de 20 segundos que se comparten en facebook no llegan ni a insinuarlos.

 
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Publicado por en 6 septiembre, 2016 en txt

 

Por esa gran mujer

Éste año, en nuestra visita a Houston, llegamos tarde.

Llegamos tarde para despedirnos de tio Quico, Enrique Raso, llegamos tarde para despedirnos de Avi, Lluís Delclós, y llegamos tarde una vez mas para despedirnos de Karma, la gatita que Carlos adoptó en la universidad.

Llegamos a tiempo, eso si, para alguno de los muchos actos conmemorativos que se realizaron en nombre de Avi. Mucho oímos sobre él, sobre sus logros en el campo médico, sobre lo feliz que había hecho a su gran familia, sobre su infancia, sobre sus viajes, sobre su inteligencia, sobre su migración a estados unidos, sobre su amor por la comida.

Algo eché de menos entre todas esas palabras pero que tampoco me atreví a decir yo, pues llevo poco en esa familia y lo de hablar en público no es lo mio. Eché de menos conmemorarla a ella, a Avia, a Teresa Clanchet. No me gusta usar esa frase de “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”, no me gusta porque sitúa a la mujer detrás, en un segundo plato, con menor importancia, pero no negaré el acierto de la frase en ésta situación. Avia siempre estuvo ahí, no detrás, si no al lado, y por lo menos la mitad de lo que Avi hizo en su vida, desde que le conoce, merece agradecimiento a Avia también. Es un secreto a voces que esa mujer era imprescindible en su vida, y por supuesto también en la de sus hijos y nietos.

Ésta vez tocaba conmemorarle a él, pero de todos los presentes, yo la conmemoro a ella. Porque Lluís ya no está aquí ni tiene de qué preocuparse. Pero Teresa tendrá que seguir luchando, y ahora con el dolor de la pérdida. Afortunadamente tiene una gran familia que le ha dado, le da y le dará todo el amor que esté en sus manos. Pero el vacío que deja un compañero, no se puede llenar.

Molta força Teri, t’estimem moltísim, i tens el nostre recolçament pel que faci falta, ara i sempre.

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Publicado por en 25 julio, 2016 en txt, Viajes

 

Violencia en 6th street

Austin, TX, Estados Unidos. Sábado por la noche.

Cada fin de semana, como buena ciudad universitaria que es, el centro de la ciudad se llena de jóvenes saliendo de fiesta, 6th street es la calle mas popular. La calle y los bares estaban llenos. Nos encontrábamos en un bar llamado Sing Loud, donde dos pianos, con sus pianistas, interpretan versiones, se duelan mutuamente, invitan a clientes al escenario y bromean alegremente, mientras los presentes disfrutan del espectáculo tomando una copa sobrevalorada.

Eramos ocho chicas celebrando el próximo enlace nupcial de nuestra amiga (futura cuñada) Kelly. Había sido una mañana maravillosa en el río San Marcos, una tarde relajada en la piscina, una noche divertida de baile, y Kelly cantando en el escenario la primera canción que bailó con su futuro marido a duo con el pianista, había sido la guinda del pastel.

Eran casi las 2 de la mañana y el mencionado bar, junto a todos los demás, se disponía a cerrar. Salimos y la calle estaba abarrotada de todos aquellos que estaban abandonando sus locales. Entre el gentío, seis policías montados atravesaban la calle en formación. Algo oyeron que les hizo girar. Saqué la cámara y me puse a grabar. Arrearon a los caballos y cargaron contra la multitud, que corría hacía donde podía presa del miedo. Tenían dos objetivos: despejar la calle rápido y a la fuerza, y una chica.

Entre dos policías acorralaron a la joven. De aspecto latina. Menuda. Top negro, falda roja. Uno de ellos le agarró de la melena desde el caballo mientras el otro se aseguraba que nadie se acercara. La chica luchaba por desprenderse, golpeando torpemente el musculado pecho del equino. En algún momento se escapó de las garras del policía, pero el otro le agarró de igual bárbara manera. Un joven se acercó. Quizás su novio, quizás su amigo, quizás un completo desconocido. Se acercó para defenderla y arremetió verbalmente contra el policía, cuestionando su juicio y su desmedida actuación. Entre la multitud confusa e inquieta apenas pude oírle. Pero escuché algo así como “¿Qué vas a hacer, sacar el arma?”.

La mitad de mis amigas estaban ya lejos del escenario. Una de ellas intentaba alejarnos de ahí a las que aun quedábamos. We gotta go, we gotta go, we gotta go… Un vecino tiró agua desde un balcón a los policías, que seguían reteniendo a la chica del pelo. Pero lo que me hizo decidirme a irme fue escuchar la palabra gun repetidas veces. Ésto no es España, pensé, aquí la policía dispara y mata por menos que ésto. Y me alejé. No vi ni grabé lo que sucedió después, pero algunas de mis amigas si, vieron como echaban spray pimienta al chaval que la defendía. Los curiosos que quedaban, ahora si, huímos despavoridos. Pude oler el vómito que provocó el ataque con el spray. Vi tres chicas huyendo de allí con los ojos llorosos tapándose nariz y boca. Vi también como entre 4 policías montados y dos a pie se llevaban, arrastrándola del pelo, a la chica del principio, hacia las furgonetas que tenían aparcadas en la esquina.

No encontramos mención de los sucedido en twitter. Tampoco en ningún telediario. El mundo estaba demasiado absorbido por los policías abatidos en Dallas unos días antes. Y no había noticias por algo muy sencillo: lo sucedido no era nada extraordinario, ese es el día a día en las calles de Austin. En cuanto empiezan a cerrar los bares, la policía montada desaloja la calle a hostias. No se les ocurre que las muchedumbres necesitan un tiempo para deshacerse naturalmente. No se les ocurre que cada uno ya estaba, antes de que llegaran, dirigiéndose lentamente hacia sus casas. No se les ocurre que con su presencia, con su actitud, con sus acciones, estén creando de la nada situaciones peligrosas para todos los presentes (transeúntes, vecinos, policías y caballos). No se les ocurre que éstas acciones no hacen mas que generar odio. Que la violencia genera violencia. Y quien empieza tiene la mayoría de la culpa.

 
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Publicado por en 10 julio, 2016 en txt, Viajes

 

#29

Empiezan mis últimos “veintialgo”. Desde luego no soy la misma que cuando empecé.

Tengo mas arrugas, mas manchitas en la piel, mas canas, mas kilos, no estoy tan en forma, ni mi trasero es el que era. Pero también tengo menos tonterías, mas experiencia, mas conocimiento, y un compañero de vida excepcional.

Que queréis que os diga, me quedo con las canas antes que las tonterías, no hay mucho que envidie de mi yo de los 20, me quedo con mi yo actual.

 

 
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Publicado por en 15 marzo, 2016 en Hoy, txt

 

Ayer cerré los ojos y el mundo desapareció

Los límites de mi cuerpo se volvieron difusos, palpitantes, crecían y se encogían. Dolía. Todo mi perímetro dolía, y mi coronilla mas aun. Tuve que aprender a dejarme llevar. A dejar que mi cuerpo se disolviera en cada expiración. Me dejé ir. Oía pájaros. El dolor cesó y mi cuerpo se disolvió un poquito. Me dejé ir mas y mi cuerpo siguió disolviéndose. Hasta que de mi cuerpo no quedó nada. Todo mi perímetro se desdibujó y solo quedaron ondas y el sonido de pájaros en un parque con una fuente.

Pasaba la lengua por mis dientes y se dibujaban todos y cada uno de ellos, por delante y por detrás. Veía su forma con una linea azulada que se volvía a desvanecer en cuanto mi lengua dejaba de tocar esa zona. Mi boca era entonces una playa, la lengua el mar, el paladar el cielo. Y yo volvía a desaparecer. Solo sentía la coronilla, como si tuviera un pesado cono que me oprimía el cráneo. A ratos los pies. A ratos una presión en el útero. Pero al margen de eso no había nada. Solo ondas. Ondas finas y gruesas, amplias y estrechas, rápidas y lentas, que se acaban convirtiendo en una sola onda tridimensional. Porque en realidad solo existe una onda. Un manto de color amarillento que ondulaba en todas direcciones como un mar mecido por el viento. Todo estaba allí. Yo estaba allí. Pero yo no era yo. Yo no era nada. Nada era nada. Mi cabeza asomaba por el manto de la conciencia solo por que allí estaba poniendo mi atención. Cuando puse la atención en mi atención, desapareció. El cono del cráneo desapareció. Mi mente asomando por el manto desapareció. Y yo no era nada. Formaba parte del todo.

El manto era solo una capa. Uno de infinitos mantos formando otro manto. Que a su vez no eran mas que una estrella en un universo. Que a su vez no era mas que una estrella de otro universo. Que a su vez no era mas que el brillo en el iris de un gato de otro universo. Y así vi la inmensidad, vi el infinito. Vi la nada. Vi el todo. Y no tuve miedo. Porque no había nada que tuviera mas sentido que dejarse llevar. Cualquier cosa que me dijera era estúpida. La racionalización era estúpida. Éste post es estúpido. Porque nada puede poner en palabras aquello que se siente. Nada puede describir la nada y el todo.

Abría un ojo para asegurarme de que el mundo seguía ahí. Nada se había movido. La cama, la puerta, la mesa, el sofá, Carlos, Chris, los gatos. Todo estaba ahí pero solo ahí. Cerraba los ojos y todo volvía a desaparecer. Porque el mundo que habitamos juega con límites que solo existen en este mundo. Está compartimentado en cáscaras. Pero fuera de ésta dimensión nada de esto importa. Porque nada de esto existe. Nada existe.

Confié en mi cuerpo. En su función. En su capacidad de mantenerme con vida. Y no me importó que estuviera deshidratada, que tuviera la tensión baja, que estuviera mareada, o que el sujetador me presionara el pecho. Confié en que mi cuerpo supiera mantenerme con vida, porque eso es todo lo que sabe hacer. Y me dejé llevar. Dejé que mi mente se desvaneciera en una fiesta eléctrica. Y no me importó que quizás me equivocara y me dejara llevar demasiado y mi cuerpo olvidara respirar. Lo peor que podría pasar sería morir. Morir solo significaría dejar esa cáscara que al fin y al cabo ya no sentía. No ser nada. Formar parte del todo. Y eso no tiene nada de malo.

Me resistí a quitarme el sujetador por que en éste plano no estaba sola. Y en éste plano importa la desnudez, especialmente la de mi género. Pero no existe tal cosa como el género. No importa la desnudez. No importa nada. Porque nada de esto existe. De todas formas sabía que iba a tener que volver, así que obedecí las estúpidas normas sociales del pudor y no hice nada. Solo me dejé llevar.

La música a veces sonaba, a veces estaba demasiado lejos para oírla. Las ondas melódicas eran todas las mismas. Eran distintas, pero en el fondo las mismas. Me pregunté si todos los músicos conocían esta verdad. Si todos los músicos habían visto esta onda amarillenta y por eso escribían sus canciones acorde con ella. Pero no. Las melodías son acordes con las ondas porque solo existe una onda. Una onda que incluye todas las ondas y no se puede crear nada fuera de esa onda. Incluye todo. No hay nada fuera del todo.

Y así sentí el todo, sentí la nada, sentí lo que es la vida y no tiene nada que ver con lo que había creído que era la vida. Siempre supe que esa era la realidad. Pero no es lo mismo saber que ver. Saber que sentir. Y no se puede des-ver lo que se ha visto. No se puede des-sentir lo que se ha sentido.

 
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Publicado por en 26 octubre, 2015 en Hoy, txt, Viajes

 

En mi piel

Quizás sea porque todo el mundo tiene uno, porque es algo ya tan normalizado que te empiezan a preguntar ¿y tu por qué no? Y no puedo evitar pensar: si me lo hiciera… ¿qué sería?

Y así llevo unos días pensando en qué tatuarme, a pesar de sepa la respuesta antes de plantearme la pregunta.

Quisiera tatuarme el sonido de las golondrinas cuando llega la primavera, la caricia de la brisa marina en mi cuerpo semi desnudo bajo el sol veraniego, los cambios del color en el follaje otoñal, o el olor de la tierra mojada tras la lluvia. También me tatuaría el tacto aterciopelado de un gato, la transparencia de la seda, el brillo en los ojos de su sonrisa, o el sonido de la h intercalada.

Lo se, todo eso son cosas que no se pueden tatuar en la piel. Pero me gustan, me inspiran, me relajan, me despiertan amor. Y por eso ya lo tengo todo tatuado en mi recuerdo. Mi piel la prefiero lisa, o no, o con cicatrices que tengan una historia, marcas de sol de algo que está o estuvo ahí, y lunares que me acompañan desde que tengo memoria. Quiero poder apreciar la transparencia de la piel, y ver las venas bajo ella, esas ramas verdosas que a veces se intuyen en las zonas mas delicadas e indican uno de los caminos que sigue la vida bajo mi superficie. Me gusta apreciar su textura, incluido el bello, los poros, las imperfecciones. Es bello.

Esas son las razonas por las que no quiero un tatuaje. Porque ninguna imagen o palabra puede reflejar aquello que significa mucho para mi, y porque los tatuajes naturales que ya trae mi piel, me parecen adorno suficiente.

*Y con ésto no quiero decir nada en contra de aquellos que deciden si portar un dibujo, un símbolo o una palabra en su piel, solo digo que no es para mi, igual que tampoco lo son las uñas pintadas de colores u otras muchas cosas.

 
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Publicado por en 8 julio, 2015 en txt

 

Racismo en publicidad

Paréntesis. He conseguido un trabajo a tiempo parcial. No es “de lo mío” sea lo que sea lo que eso significa, pero es un trabajo. Estoy a gusto, hay muy buen rollo con todo el mundo, tengo contacto con la gente, no es un trabajo duro, y es un sueldo fijo a final de mes. El contrato es solo de 4 meses (de los que ya llevo uno) y luego no se sabe, así que en mis días libres sigo trabajando como figurante en anuncios o lo que surja. Cierro paréntesis.

Hay cosas que odio de trabajar en publicidad. En general nunca me ha entusiasmado la publicidad. Hay mucho talento artístico en ese mundo, y eso es bueno, además de que se mueve mucho dinero con lo que implica dar trabajo a mucha gente, y eso es también muy bueno (aunque habría que analizar la calidad de trabajos que se dan). Después que disfrute mas o menos estar allí es otro asunto, que por otra parte no depende mucho de la finalidad del rodaje (para un figurante es prácticamente lo mismo una película, una serie, un videoclip, que un anuncio), si no del rodaje en si (la situación, los horarios, como nos traten, los compañeros, etcétera).

La mayoría de los anuncios que se hacen (o al menos en los que participamos) implican un gasto económico tal que solo empresas con mucho dinero pueden permitirse. Y seamos aquí sinceros. La mayoría de empresas millonarias no llegan a ese punto por ser buenas, amables y sinceras con su clientela, su competencia y sus empleados. Pero además, la mayoría de anuncios tampoco son sinceros y transparentes, mostrándote la realidad tal y como es para que decidas objetivamente. Y aunque a veces sean sinceros con respecto a las características del producto, lo disfrazan de emociones y sentimientos que poco tienen que ver con lo que realmente están vendiendo.

En la publicidad se muestra en general un mundo muy alejado de la realidad  Y lo digo por esa extraña y falsa perfección: todo el mundo es guapo (entendiendo guapo como aquello que en ese momento en particular se considere guapo), tiene un aspecto rico, sano y está delgado, a menos que sea “gracioso”, entonces y solo entonces puedes ser mas normal y hasta estar rellenito. Todos van conjuntados y a la moda, a esa que casi nadie sigue. Todo está limpio, ordenado. Todos tienen una piel perfecta, un maquillaje invisible perfecto, un peinado efecto despeinado de peluquería. Todo es perfecto. Pero todo es falso. Chicas que usan la talla 34 y que un par de kilos mas les sentarían maravillosamente anuncian productos para perder peso, o comida basura, no importa. Las madres de bebes y niños pequeños tienen 30 años, las madres de adolescentes tienen 60. Las mujeres de entre 40 y 50 años no existen. El mundo entero se mueve en un eterno entretiempo, ni frío lo calor, excepto para productos estacionales. Todo es feliz. Todo es alegre. Todo es joven. Y un largo etcétera.

Entiendo que una empresa quiera asociar su producto a emociones positivas. Pero un poco de realismo, por favor. Al final lo único que se hace aquí es perpetuar ideas del mundo erróneas. Están perpetuando entre otras cosas horribles, ideas racistas que realmente afecta a personas. He participado ya en varios anuncios para México y no encuentras a nadie, nunca, ni figurantes ni ¡por supuesto! protagonistas, que sean latinos. Que ya se que no son todos indígenas ¿pero todos blancos, en serio? Por lo menos tienen la decencia de que la mayoría sean de pelo oscuro y ese color de piel que llaman oliva, y no rubios de piel rosada. Es decir, que la mayoría tiene aspecto de mediterráneo, pero definitivamente europeo. Eso de fingir que en cierto lugar del mundo no hay gente de piel morena no hace mas que enviar la idea de que lo normal, lo bueno, lo deseable, lo hermoso, es ser blanco. Y que cualquier cosa que no sea eso, no es bueno, ni deseable, ni hermoso. ¿Cómo lo recibe eso la población del lugar? Pongo éste ejemplo porque recientemente rodé un anuncio para unos grandes almacenes mejicanos cuyo nombre no diré, para los que no es la primera vez que grabo un anuncio, y son especialmente descarados con el tema étnico, pero ocurre con cualquiera. A menudo las marcas se olvidan de que existen negros en Francia, por ejemplo, por supuesto también se olvidan de que existen en España, fingen que todo el mundo en Alemania es rubio, que todo el mundo en Brasil es modelo, los asiáticos solo existen cuando buscan adrede un perfil étnico variado ¡y olvídate de ver un árabe fuera de un país árabe!.

Soy consciente de que me dan mucho trabajo en éste mundo por que además de hacer bien mi trabajo soy guapa y delgada, y por tanto encajo en ese mundo que quieren representar (aunque no soy tan guapa ni tan delgada para un papel protagonista, por supuesto), y si no fuera por eso no se de qué habría vivido éstos últimos dos años ni de qué lo haré el día que se me acabe mi actual contrato. Pero una cosa no quita la otra. Éste trabajo tiene cosas buenas, pero una ya se cansa de las malas, y llega un momento en que no me las puedo callar.

 
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Publicado por en 20 octubre, 2014 en txt