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Ayer cerré los ojos y el mundo desapareció

26 Oct

Los límites de mi cuerpo se volvieron difusos, palpitantes, crecían y se encogían. Dolía. Todo mi perímetro dolía, y mi coronilla mas aun. Tuve que aprender a dejarme llevar. A dejar que mi cuerpo se disolviera en cada expiración. Me dejé ir. Oía pájaros. El dolor cesó y mi cuerpo se disolvió un poquito. Me dejé ir mas y mi cuerpo siguió disolviéndose. Hasta que de mi cuerpo no quedó nada. Todo mi perímetro se desdibujó y solo quedaron ondas y el sonido de pájaros en un parque con una fuente.

Pasaba la lengua por mis dientes y se dibujaban todos y cada uno de ellos, por delante y por detrás. Veía su forma con una linea azulada que se volvía a desvanecer en cuanto mi lengua dejaba de tocar esa zona. Mi boca era entonces una playa, la lengua el mar, el paladar el cielo. Y yo volvía a desaparecer. Solo sentía la coronilla, como si tuviera un pesado cono que me oprimía el cráneo. A ratos los pies. A ratos una presión en el útero. Pero al margen de eso no había nada. Solo ondas. Ondas finas y gruesas, amplias y estrechas, rápidas y lentas, que se acaban convirtiendo en una sola onda tridimensional. Porque en realidad solo existe una onda. Un manto de color amarillento que ondulaba en todas direcciones como un mar mecido por el viento. Todo estaba allí. Yo estaba allí. Pero yo no era yo. Yo no era nada. Nada era nada. Mi cabeza asomaba por el manto de la conciencia solo por que allí estaba poniendo mi atención. Cuando puse la atención en mi atención, desapareció. El cono del cráneo desapareció. Mi mente asomando por el manto desapareció. Y yo no era nada. Formaba parte del todo.

El manto era solo una capa. Uno de infinitos mantos formando otro manto. Que a su vez no eran mas que una estrella en un universo. Que a su vez no era mas que una estrella de otro universo. Que a su vez no era mas que el brillo en el iris de un gato de otro universo. Y así vi la inmensidad, vi el infinito. Vi la nada. Vi el todo. Y no tuve miedo. Porque no había nada que tuviera mas sentido que dejarse llevar. Cualquier cosa que me dijera era estúpida. La racionalización era estúpida. Éste post es estúpido. Porque nada puede poner en palabras aquello que se siente. Nada puede describir la nada y el todo.

Abría un ojo para asegurarme de que el mundo seguía ahí. Nada se había movido. La cama, la puerta, la mesa, el sofá, Carlos, Chris, los gatos. Todo estaba ahí pero solo ahí. Cerraba los ojos y todo volvía a desaparecer. Porque el mundo que habitamos juega con límites que solo existen en este mundo. Está compartimentado en cáscaras. Pero fuera de ésta dimensión nada de esto importa. Porque nada de esto existe. Nada existe.

Confié en mi cuerpo. En su función. En su capacidad de mantenerme con vida. Y no me importó que estuviera deshidratada, que tuviera la tensión baja, que estuviera mareada, o que el sujetador me presionara el pecho. Confié en que mi cuerpo supiera mantenerme con vida, porque eso es todo lo que sabe hacer. Y me dejé llevar. Dejé que mi mente se desvaneciera en una fiesta eléctrica. Y no me importó que quizás me equivocara y me dejara llevar demasiado y mi cuerpo olvidara respirar. Lo peor que podría pasar sería morir. Morir solo significaría dejar esa cáscara que al fin y al cabo ya no sentía. No ser nada. Formar parte del todo. Y eso no tiene nada de malo.

Me resistí a quitarme el sujetador por que en éste plano no estaba sola. Y en éste plano importa la desnudez, especialmente la de mi género. Pero no existe tal cosa como el género. No importa la desnudez. No importa nada. Porque nada de esto existe. De todas formas sabía que iba a tener que volver, así que obedecí las estúpidas normas sociales del pudor y no hice nada. Solo me dejé llevar.

La música a veces sonaba, a veces estaba demasiado lejos para oírla. Las ondas melódicas eran todas las mismas. Eran distintas, pero en el fondo las mismas. Me pregunté si todos los músicos conocían esta verdad. Si todos los músicos habían visto esta onda amarillenta y por eso escribían sus canciones acorde con ella. Pero no. Las melodías son acordes con las ondas porque solo existe una onda. Una onda que incluye todas las ondas y no se puede crear nada fuera de esa onda. Incluye todo. No hay nada fuera del todo.

Y así sentí el todo, sentí la nada, sentí lo que es la vida y no tiene nada que ver con lo que había creído que era la vida. Siempre supe que esa era la realidad. Pero no es lo mismo saber que ver. Saber que sentir. Y no se puede des-ver lo que se ha visto. No se puede des-sentir lo que se ha sentido.

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1 comentario

Publicado por en 26 octubre, 2015 en Hoy, txt, Viajes

 

Una respuesta a “Ayer cerré los ojos y el mundo desapareció

  1. Aida

    5 febrero, 2016 at 13:36

    Olvidé decir como al comprender que la habitación en que estaba solo estaba aquí, cuando abría los ojos, también comprendí como el ahora, el antes, el después conviven, Vi el ayer, el ahora, el hace un rato de ese lugar, a la vez, en el mismo lugar. Vi que igual que no existe tal cosa como el aquí, tampoco existe tal cosa como el ahora. Y recordé por un instante esa imagen de la película Interstellar de la habitación multidimensional y tuvo mas sentido que nunca.
    Y lo escribo aquí por que no quiero olvidarlo, pero no quiero modificar lo ya escrito.

     

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