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Archivo de la categoría: Otros tiempos

Por aquellos que no pudieron venir

A menudo me han preguntado, a raíz de la boda, si ésta fue tal como me la imaginaba.

Aunque se refieren, específicamente, a cómo de pequeña o de adolescente, o el cualquier caso antes de planear en serio una boda, fantaseaba con cómo iba a ser. La respuesta simple es que nunca me la había imaginado, pero la realidad es un poco mas compleja.

Cuando allá en la infancia, ves las películas de Disney y se habla en el colegio de unas celebraciones llamadas bodas, una empieza a obviamente fantasear con la suya propia, no sin antes, viéndose como una eterna niña y a sus padres como casi únicos referentes adultos, fantasear con la de éstos. Recuerdo un día estar en casa y, pensando en el típico vestido de novia, e imaginando a mi madre así vestida, preguntarle con toda la ilusión del mundo “¿Y tu que llevabas puesto cuando te casaste?”. Me esperaba una descripción detallada, que me contara como era el vestido, que me contara como fue el día, que me enseñara fotos… Su respuesta fue la mas seca y corta que me podía imaginar: “¡Pues falda!” Con un tono que añadía mentalmente “¿Qué otra cosa, si no, iba a llevar?”. Mi decepción no me permitió seguir preguntando. Mas adelante aprendí que mis padres se habían casado sin mas testigos que los dos obligatorios y el juez, sin ceremonia, sin familia, sin fiesta, sin ni tan solo días libres en el trabajo. Mi romantización con respecto a las bodas se fue al garete por completo y empecé a despreciarlas a pesar de que, inevitablemente, me emocionaran las expresiones de amor público. Con el tiempo encontré un punto medio y creo que en nuestra boda definimos, muy bien, lo que realmente queríamos. Podía haber sido distinta, pero fue maravillosa y perfecta en tanto que fue.

Volviendo a la infancia. Ya en el instituto, cuando empecé a coquetear con el tema del diseño de ropa, y dibujaba conjuntos variopintos, llegó el momento en que dibujé un vestido de novia ¿Por que, qué colección de moda que se precie no termina con un vestido de novia? El primero que dibujé era un vestido que parecía mas propio para un disfraz de duende o hada del bosque. Me sigue encantando. Y si me hubiera casado con 14 años hubiera llevado ese vestido. Pero con el tiempo lo vi como poco apropiado y mas adelante, con los 15 o así, dibujé el que sí que fue. Y aunque del dibujo inicial a cómo al final con la modista fuimos definiéndolo, hubo un gran cambio, las lineas generales se mantuvieron y estoy orgullosísima del resultado.

Con 15 años lo único que tenía claro era el vestido. Hacia los 16 años, el que fue mi novio en el instituto (Pol), un día me explicó el momento en que se casó su prima, unos años atrás, como un día super feliz para él, pues veía como su prima, con la que jugaba de pequeño, con la que tantos momentos de su infancia había compartido, se hacia mayor, era ya una mujer, y su visión de ella cambiaba totalmente, pero de una forma muy feliz.

Obviamente me puse a pensar en mi primo Sergi, que para entonces debía tener unos 5 o 6 añitos y era mi único primo (mi prima Paula nacería un año mas tarde), y cómo vería él, en un futuro, el día en que yo me casara. Y a partir de ese día lo único que imaginaba de mi boda invariablemente era que él iba a estar allí. Que Sergi iba a ser testigo. Y me imaginaba su sonrisa. Y me preguntaba qué iba a sentir. Y me lo imaginaba feliz. Y yo feliz de verle a él. De que estuviera a mi lado un día tan importante.

Si me conoces medianamente o has seguido mi blog sabrás que eso no pudo ser. Sergi, que ahora tendría 15 años y a punto de cumplir los 16, nos dejó a la edad de 10. Obviamente allí estaban sus padres, mis tios, y también su hermanita, Paula, que fue quien tuve el honor de tener como dama de arras. Sergi no estuvo. Pero si nuestro amor por él. Y espero que también su amor por nosotros.

Quería haber dicho algo en la boda, quería haber hecho un brindis disfrazado “por aquellos que no pudieron venir”, pero que en realidad fuera por él y por los que ya no están con nosotros. No pude hacerlo. Simplemente no me atreví. Y por eso lo digo ahora aquí. Va por ti, pequeño. Porque aunque no pudieras venir, siempre, siempre, estás ahí con nosotros, porque siempre, siempre, te recordamos y te llevamos en el corazón.

 
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Publicado por en 24 agosto, 2014 en Otros tiempos, txt

 

Dibujando

Una de mis épocas artísticas mas fructíferas (en cuanto a cantidad, no en calidad) fue probablemente 2002, durante mis 15 años. Me pasaba horas y horas por las tardes encerrada en mi habitación dibujando, y mi habilidad con el lápiz mejoró muchísimo. En realidad durante la carrera he hecho muchas mas cosas cada curso que durante aquel año, pero los dibujos (y diseños) que realizaba en esa época eran todos por puro placer y no como ejercicios de clase, por lo que son mucho mas personales.

Uno de los dibujos mas decentes y “míticos” de la época, derivada de mi pequeña obsesión por el número dos (derivada a su vez de ser la segunda de la lista en clase durante toda la primaria al ser mi apellido Avalos), fue el yin-yan humano que pongo a continuación, terminado y firmado el viernes 26 de julio del 2002:

Estuve bastante orgullosa del resultado durante bastante tiempo a pesar de los evidentes fallos: piernas desproporcionadas, pies extraños, manos pequeñas, la mujer tiene una cabeza enana, mis conocimientos en anatomía masculina eran muy escasos y se nota, y un largo etcétera. Con el tiempo sin embargo, lo que mas me molestaba era su actitud. Se encuentran encerrados, sufriendo su condición de yin y de yan. Teniendo en cuenta por otra parte que la dualidad del yin-yan implica confrontamiento entre dos partes, su sufrimiento podría tener sentido. Creo que mi idea era que la separación, la imposibilidad de estar juntos, era lo que les hacía sufrir. Por otra parte, la forma del símbolo y su (aquí casi perdido) “yin dentro de yan” y “yan dentro de yin” es indicador de equilibrio y armonía. Pero no sé donde quedó aquí la armonía.

Recientemente, 10 años mas tarde, y para seguir experimentando con la tableta gráfica, hice una nueva versión del yin-yan humano que aquí os presento, donde los personajes nadan en su medio mas que sufrir por su encierro:

Trabajar con soporte digital tiene bastantes ventajas (aunque por supuesto también inconvenientes): se puede borrar y pintar encima tanto como se quiera sin fastidiar el papel, si algo queda desproporcionado se selecciona la zona, se cambia la escala, y te quedas tan ancho, trabajar por capas es una maravilla… Pero aquello que es difícil de dibujar lo será igualmente y no poder girar la tableta a veces hace dificilísimo dibujar en según qué angulos. Por lo que el dibujo no es ni de asomo perfecto, pero tampoco lo soy yo.

Añadirle color fue un reto importante. Me costó atreverme, pero la figura lo necesitaba y, como si no me gusta lo puedo quitar, simplemente lo hice. Me sorprendí lo bien que se me dio. No suelo trabajar con color, lo mío suele ser el blanco y negro y reniego bastante de la pintura como disciplina, pero aunque no sea un genio de la paleta, la verdad es que no se me da mal, siempre y cuando se pueda pintar una y otra vez a modo oleo, y no a modo acuarela (que se me da especialmente mal). Otro reto fue la piel oscura. No me acaba de entusiasmar su tono, pero se hizo lo que se pudo. Poner a los dos personajes blancos no creo que tuviera sentido. Pensé en hacer de piel oscura a aquel del fondo claro y viceversa por eso del “yin dentro de yan” y el “yan dentro de yin”. Pero el contraste resultante me parecía molesto visualmente y finalmente hice la elección que veis. Al fin y al cabo la piel oscura sigue siendo mas clara que el negro, y la piel clara mas oscura que el blanco.

¡Hasta la próxima!

 

P.D: Septiembre: considérese usted bienvenido a pesar de venir acompañado de una desproporcionada subida del IVA que tantos dolores de cabeza va a dar a mis conciudadanos.

 
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Publicado por en 1 septiembre, 2012 en Arte, Otros tiempos

 

Tomás y el lápiz mágico (Ricardo Alcántara)

El que da nombre a la entrada es el primer libro del que tengo recuerdo haber leído. Nos lo pidieron como deberes en preescolar, como realmente uno de los primeros libros que uno es capaz de leer. Y me encantó.

En él, un niño vive en una caja de zapatos, sin mas compañía que una silla y de repente encuentra un lapiz mágico en el cuarto con el que, para empezar, dibuja una puerta para salir a explorar el exterior, seguido de juguetes animados que se convierten en sus compañeros de viaje y amigos, etc. Me encantó, y me lo he leído (incluso de adulta, por eso de rememorar) un montón de veces.

Lo que añadió un valor importante al libro fue que el autor, del que nunca olvido el nombre (cosa rara en mi, que no me suelo quedar con el autor de los libros), vino al colegio a hablar con nosotros del libro. No creo que la charla que nos diera fuera muy extensa, la verdad es que ya no lo recuerdo, pero nos preguntó qué haríamos si tuvieramos un lapiz mágico, qué dibujaríamos. Yo dije que un montón de animales. Poblaría el planeta entero de animales reales y fantásticos. Ese era mi sueño con 4 años. Preguntó también, a continuación, que nos imagináramos qué haríamos si tuvieramos una goma máginca, qué borraríamos. Mi respuesta fue borrar toda la contaminación y las cosas que contaminaran. A la porra vehículos, fábricas y refinerias. Lo borraría todo.

No recuerdo qué decían el resto de mis compañeros que dibujarían o borrarían. Lo de los animales no fue muy raro, pero la respuesta con la goma supongo que no fue tan normal en una niña de esa edad. Pero bueno, así he sido siempre yo.

Al final de su visita, el autor nos firmó y dedicó el libro. En el mio escribió: Con amistad. Ricardo. Y lo que recuerdo perfectamente es que yo no tenía ni idea de lo que significaba la palabra “amistad”, y que le atribuía un sentido mas cercano a la palabra “solidaridad”.

Actualmente me es difícil hacer el ejercicio de imaginar lo que haría sin recordar lo que ya deseé en su momento y desearlo de nuevo, pero os invito a que lo hagáis vosotros, aunque pueda ser un ejercicio algo infantíl, creo que es interesante. Y si escribís las respeustas en un comentario, mucho mejor ;)

Así pues, si tuvierais un lápiz mágico, que convirtiera en realidad todo lo que dibuais ¿qué dibujaríais? ¿y si tuvierais una goma mágica?

 
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Publicado por en 28 febrero, 2012 en Libros, Otros tiempos

 

Archienemigo

Llevo unos días acordándome de un curioso personaje de mi época de instituto.

Yo debía ir a 3º de ESO, así que tenía unos 15 años. Ese curso entró en el centro un profesor nuevo, creo recordar que se llamaba Mariano. No se qué asignatura daba, pero era tutor en 2º de bachillerato, concretamente de la clase de mi hermano. Le apodaban “el nazi”. ¿Razón? Por el parecido físico (pero con mas quilos) y quizás por su extraña fijación con las normas. El caso es que susodicho personaje se convirtió cómicamente en mi perseguidor. Os cuento la situación.

No recuerdo ahora si a esa edad nos dejaban o no salir a la calle a la hora del patio. Imagino que hasta los 16, no. Por tanto debíamos estar encerrados en el instituto en el descanso. Los espacios destinados a ello eran la planta baja (en el hall) y toda la primera planta (donde esta el patio). Estaba estrictamente prohibido acceder al resto de pisos, y sobretodo permanecer en las clases (había quien dejaba las mochilas dentro y habían sucedido robos), que siempre estaban cerradas con llave. Imagina por lo menos 3 cursos con por lo menos 2 clases por curso, y unos 30 alumnos por clase, así como los alumnos de mayor edad que aun teniendo el permiso no desearan salir del centro en esa hora. Por lo menos son 180 críos correteando por los pasillos de un edificio no especialmente grande. Qué quieres que te diga, tanto yo como a mis amigas nos agobiaba. Así que subíamos al otros pisos y nos quedábamos plácidamente en un banco charlando.

Si, lo se, estaba prohibido, pero todos los profesores que nos han tenido saben que somos buenas chicas, saben que no dábamos problemas. Si el profesor de guardia era alguien que nos conocía, o nos escondíamos en alguno de los últimos pisos, no había problema, pero uno o dos días a la semana… era “el nazi”. Ahí empezaba la odisea.

Para las faltas de comportamiento te entregaban (no se si lo siguen haciendo) un papel relleno con datos y motivo de la falta, tipo multa, de las que hay dos copias, una blanca que se quedaban ellos y otra amarilla que debías enseñar a los padres y devolverla firmada. Coloquialmente era llamado “papelito amarillo” tanto para profesores como para alumnos.

No recuerdo cuando empezó el nazi a emplear sus horas de guardia en perseguirme y yo en huír de él por los pasillos, el caso es que yo siempre le ganaba. No era difícil. Hay dos escaleras, si uno sube por una y el otro le persigue por la misma… bajas por la otra. Y fácilmente la sencilla L que formaba el edificio se transformaba en un laberinto arriba y abajo en que era imposible atrapar a una adolescente que, indudablemente, tenía mejor estado físico que el profesor en cuestión. Y corría detrás mio preguntando el nombre, el curso y el tutor para darme un papelito amarillo, pero yo nunca le hacía caso, simplemente sonreía y me iba con rapidez. No iba sola, iba con amigas, por lo menos con Agnès que recuerde claramente, pero supongo que yo era la única en reírme en su cara, así que me tenía mucho mas fichada.

Otra gracia es que en cuanto sonaba el timbre era como llegar a “casa ” en el pilla-pilla, y el juego se paraba. Dejaba de estar prohibido estar por los pisos altos y él dejaba de estar de guardia, así que yo volvía a ser intocable. Así semana tras semana (si coincidíamos y no tenía cosas mejores que hacer, como problemas de verdad que un profesor de guardia debiera resolver).

Lo mejor del tema es que un día “me pilló”, y lo pongo entre comillas porque en realidad me dejé pillar. Simplemente no me apeteció huir, y mientras él bajaba por la escalera y por el hueco me preguntaba (con su cara de alemán malfollado) mi nombre y mi curso, respondí con una sonrisa en la cara: “Me llamo Aida Avalos, voy a 3º A y mi tutor es el señor Bonastre“, esperándole con la pose mas chulesca que podía. Siguió bajando las escaleras  sin sacarme los ojos de encima hasta que se quedó parado en frente mio, y mirándome a la cara y señalando con un dedo amenazador dijo: “Algún día… te atraparé“. Y se fue sin mas.

Perpleja me dejó… ¡¡pero si ya me tenía!! Y no me hizo nada. Ni aquel día ni ninguno. Nunca tuve la amonestación que tan a gusto me había ganado, porque tras mil amenazas, decidió no ponérmela. Lo cual hace que mi irreverencia a la autoridad por pura y dura rebeldía, no solo fuera divertida, si no que incluso tuviera un regusto dulce.

Comprendí, o por lo menos comprendo ahora, que el señorito Mariano disfrutaba de la persecución de alguna manera, y que no tenía gracia que me dejara atrapar. De la misma manera que el Joker disfrutaba persiguiendo a Batman, o de hecho cualquier villano de película disfruta persiguiendo al héroe, y sin él… pierde su identidad. No estoy diciendo que yo fuera un héroe y él un villano, obviamente, pero si teníamos una clara relación de perseguido-perseguidor, que aunque yo ni me hubiera planteado esa posibilidad, creo que nos divertía a ambos.

P.D: Me alegra mucho haber recuperado la sección “otros tiempos“, hacía mucho que no escribía nada aquí.

 
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Publicado por en 16 septiembre, 2011 en Otros tiempos

 

Nostalgias

Hace unos días pasé por el Decathlon con Ingrid en busca de pantalones de gimnasia y mientras ella estaba en los probadores, me dí una pequeña pero muy lenta vuelta por la sección cercana, la de baile.

Extraña fue la sensación, sobre todo al llegar a las punteras que tanto me gustaban cuando hacía gimnasia rítmica. Y estaban por ahí los maillots, las medias, los aros, zapatillas ultra elásticas… pero en realidad fueron las punteras lo que me trajo esa fuerte nostalgia de mi época gimnasta.

Y me dio una terrible pena que mis padres me hubieran desapuntado de rítmica y me hubieran apuntado a kárate. Pero entonces me puse a pensar y… en realidad siempre fui bastante mala el rítmica. Yo no tenia esa sensación cuando estaba, pero vi unos vídeos hace poco y… buf… claro que tampoco se le puede pedir mucho a una niña de 5 o 6 años. El caso es que en kárate tampoco era mucho mejor, pero en fin…

Entonces pensé: Bueno, Aida, nunca es tarde para volver a empezar. Y planeé en un instante apuntarme a clases de baile, conozco por lo menos tres academias a 5 minutos de mi casa… Pero entonces recordé que, en realidad, detesto las clases de baile. Es decir. Aeróbic y derivados no los soporto ¿cómo iba a aguantar una clase de, no se, funky?

Me encanta bailar, lo adoro, pero hacer el ridículo en medio del gimnasio no lo tolero. Supongo que si  me apuntara a clases de baile iría mas mentalizada. Es como que nunca me gustó hacer gimnasia en el colegio, aunque me encantara hacerlo fuera, lo que no me gustaba era ese tipo de actividad en ese contexto. Pero quién sabe. Aun así, toda esta reflexión me hizo deducir, que mi nostalgia… fue bastante absurda.

Simplemente me gustan las punteras.

Besitos!

 

P.D: He cambiado por fin el logotipo del blog, lo que se ve a la izquierda del título, ahora en lugar de dos insustanciales círculos a modo diagrama de Venn, es una huella de gato. Y por fin he descubierto cómo cambiar el fondo, así que quizás en breve cambiará por algo mas personal :)

 
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Publicado por en 25 enero, 2011 en Otros tiempos, txt

 

Muñequita de trapo

Hoy voy a escribir algo.. que no me gusta nada tener este rincón tan abandonado… Voy a explicar una historieta. Basada en hechos reales, por supuesto.
 
Dificil empezar… Habia una vez? muy clásico,quizas, pero funciona… Empecemos pues: Habia una vez una niña de ¿que edad? no lo recuerdo… Cinco, seis, siete… no creo que mas. Salían de la escuela y su madre, como cada dia, les venía a buscar a ella y a su hermano mayor. Aquel dia la madre estaba especialmente contenta. Los niños habian recibido un paquete cada uno que había ido a buscar con la esperanza de darle a sus hijos una buena alegria.
 
El remitente era una amiga de la familia, gravemente enferma, que había decidido dar un regalo a los niños sin ninguna motivación clara. Debió ser un repentino acto altruista, supongo.
 
La madre dio los paquetes a los niños, que los abrieron entusiasmados por la calle de camino a casa. Me centraré en la niña que es de quien trata la historia. Su paquete contenia una muñeca, pero no una muñeca cualquiera. No era como las muñecas con las que solía jugar (tipo Nenuco), esta era de trapo con la cabeza de plastico, la tela tenia un extraño estampado con motivos amarillos, y tenia un gorrito bajo el cual asomaba un pelo corto, lacio y de color blanco. No le gustó. Al instante entró en un conflicto moral. La muñeca habia sido regalada con mucho cariño, y probablemente habia supuesto un sacrificio para el remitente. La muñeca debía gustarle.. pero no le gustaba. Y estalló a llorar.
 
La madre, probablemente no conciente del conflicto de la hija, se enfadó. Al llegar a casa guardó la muñeca en lo alto del armario sin intención de bajarla de allí.
 
La niña, sin embargo, no habia quedado tranquila. Toda la tarde estuvo pensando en esa muñeca y las circunstancias que la rodeaban. Tras mucho meditar comprendió que lo importante no era la muñeca en si, si no todo aquello que simbolizaba. Fue a su madre y le dijo: Quiero la muñeca. Su madre, estupefacta, dijo: Pero si no te gustaba…, a lo que la niña, simplemente, respondió: Pero la quiero.
 
La guardó a parte del resto de las muñecas, ya que esta no era para jugar, pero la guardó. Durmió con ella en diversas ocasiones, cosa que jamas hizo con ninguna otra. Actualmente es la única muñeca que conservo (quitando las barbies, que las tengo para que juegue mi prima).
 
¿La persona que me la regaló? Alguien muy especial, que pasó a mejor vida hace mucho tiempo, ello hace que no tenga una imagen clara de su rostro, ni de su voz, pero jamás la olvidaré.

 
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Publicado por en 2 mayo, 2008 en Otros tiempos

 

Paraguas

Saliendo del metro, todo cabezas mojadas Vaya! llueve… menos mal que llevo paraguas.
 
Caminando Urgell arriba contra la rápida corriente y con Fito en mis oidos. Empiezo a notar las piernas mojadas, los pies empapados… ¿Que ha sido eso? ¿Un rayo? ¿¿Hay tormenta?? ¿¿¿Que hago yo con música??? Apago el mp3 y sigo, disfrutando del sonido del agua contra el pavimento, contra el alquitran, contra el plástico, contra el metal, contra mi piel…
 
Me gusta.
 
Siempre me ha gustado.
 
Recuerdo cuando era pequeñaja, cuando iba en el carrito, y llovia. Llevaba uno de esos plásticos que cubren todo el cochecito (y al niño, claro), y me fascinaba… No el plástico, digo, si no la lluvia. Bueno, la lluvia contra el plástico. Bueno, es dificil de definir que es lo que me fastinaba…
 
Es la situación. Dentro de una cúpula. Protegida. Pequeños meteoritos frios golpeando todo aquello que alcanzaba mi vista. Pero yo: inmovil, inpoluta, intocable… Si me apuras, casi ingravida.
 
Mi madre dice que le daba patadas al plástico, y acaba sacando los pies, y si no se daba cuenta, me los empapaba… yo de eso no me acuerdo, pero de lo a gusto que estaba no podré olvidarlo.
 
Esa sensacion de estar en medio del peligro, pero totalmente segura. Esa visión de estar rodeada de agua, pero totalmente seca. Ese crepitar de las gotas en todas las direcciones, ensordeciendome. ¡¡Y esos truenos!! retumbando en la pequeñita caja torácica…
 
Me encantan la lluvia y las tormentas, igual que las alturas o la velocidad… siempre que sepa que estoy a salvo. Creo que siempre me han encantado.
 
P.D.: Me voy a pasar el puente a Castelldefels (a casa de Noe, con Maria)…, uauuuuuuu, que lejooooooooos… xDDD
 
P.D.2: ¿Porque hoy no hay nadie en casa a estas horas?? Que triste que esta todo asi… No soportaria vivir sola…
 

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Publicado por en 11 octubre, 2007 en Otros tiempos