RSS

Archivo de la categoría: Encuentros

Capítulo 2B

Otro dia. Otra mañana. Otro viaje como sardinas somnolientas enlatadas, al mismo lugar que todos los dias, que todas las mañanas.
 
Ante los cristales: pasiva plenitud; tras ellos: ficticio vacío. Y en mi: tan solo música. Ritmo, melodía, letras, acordes, notas, compases, y un mundo paralelo a aquel. Y además, un juego: permanecer en pie, tarea poco facil.
 
En una estación, junto a nuestro tres, frenó otro. Nosotros hacia el oeste, ellos hacia el este. Seguía pensando en la canción, pero una flecha al corazón la pausó. Levanté los ojos para localizar al tirador. Era un muchacho de mirada intensa pero tremendamente tierna, observándome como si estuviera viendo un fenómeno paranormal. Que dulce…
 
Ya le había visto antes, o intuido al menos, en aquel coche, hace semanas. No pude confundir su fragil aura. Perdida en sus pupilas leí sus pensamientos y sonreí por dentro, preguntándome por la siguiente situación en que coincidiríamos mientras nuestros caminos volvían a separarse.
 
Ir al capítulo: 1 / 1b / 2 / 2b
 
 
Deja un comentario

Publicado por en 20 febrero, 2007 en Encuentros, Relatos

 

Capítulo 2

Hora punta. Otra mañana rutinaria. Otro viaje impersonal por los subterraneos de la ciudad.
 
Rostros inexpresivos inundaban el ambiente. Cansados, dormidos, leyendo, cantando para si… Sentados o de pie, no importa, nadie miraba a nada ni a nadie. Enormes ventanales nos rodeaban y, sin embargo, nadie miraba por ellos mas allá de la estación.
 
Kilómetros de paredes negras y sucias, con kilomertos de cables que solo descubren su color a nuestro paso. El vidrio, rallado, erosionado y sucio, intentaba en vano aislarnos del sonido. Traqueteos, vibraciones, silbatos, el motor… tambien están los altavoces, tan frios e ignorados.
 
Observava por el grueso cristal la eterna oscuridad intermitente. Ante nosotros un monstruo de ojos blancos y brillantes, una serpiente de toneladas de metal, plástico y carne humana, se acercaba a gran velocidad y de manera irrefrenable. Pasó, rugiendo, a nuestro lado, haciendonos vibrar. Tan aterrador pero tan bello. Así era ese tunel oscuro. Así sentía yo el metro.
 
Llegabamos a una estación, y a nuestro lado, dirección contraria, descansaba otro tren. Las ventanas solo dejaban ver cuerpos y sus ropajes. Masas de gente anónima ocupando el espacio.
 
Entre espaldas y brazos, sin embargo, había un rostro, solo un rostro, con brillo propio. La abundante luz del vagón parecía, nuevamente, solo incidir en ella.
 
La acumulación de cuerpos no parecía estorbarle, ni perturbarle. Permanecía en pie, recta, ni sujetada ni apoyada, seria, serena. Cabeza alta y mirada perdida, absorta en su mundo: fascinante, seguro.
 
La diosa estaba nuevamente ante mi. Pude observarla bien durante unos segundos. Aun así, no sabría describirla.
 
Parpadeó y volvió a mi mundo. Entonces me miró. Clavó su intensa mirada en mis pupilas y, aunque sus labios no mostraban nada, aun hoy, juraría que sonrió. El corazón casi no pudo soportarlo. Casi muero al sentir su fuerza.
 
Estaba clavado en el asiento, mas vivo que nunca. Y fue al arrancar su tren cuando realmente casi muero. Nuestras miradas permanecieron conectadas mientras se alejaba, como levitando, hasta que la distancia fue demasiada y los obstaculos excesivos. Morí al perder la energia de su mirada, pero vivo cada vez que la recuerdo y que la siento.
 
Ir a capítulo: 1 / 1b / 2 / 2b 
 
 
Deja un comentario

Publicado por en 11 enero, 2007 en Encuentros, Relatos

 

Capítulo 1B

Iba a llover. Estaba claro desde que el sol se despidió con su último rayo de luz, y nos dejó una oscuridad de cielo ajedrezado.
 
Dejabamos atrás una ciudad en que lo que mas vivimos fueron problemas, volviamos a los origenes, a nuestro antiguo y nuevo hogar. Respiraba decepción en el coche, junto a nostalgia, pero con esperanza, todo cubierto de un manto extremadamente silencioso.
 
La carretera, mas negra que la noche, empezó a brillar, y a convertirse en el mismo cielo, blanquecino. Ya lo dije, iba a llover. A lo lejos ya podia vislumbrar las luces de aquel que iba a ser mi hogar. La velocidad y la dirección, constantes, daban al cuerpo la sensacion de quietud. Solo aquello que habia a nuestro al rededor parecia moverse. Esceptuando otro vehiculo, a nuestro lado, que llevaba unos segundos ligado al nuestro.
 
En principio, lo ignoré. Pero algo me llamó la atención, algo habia en él que me punzaba el corazón, y que recorria mi espinazo con un escalofrio. Lentamente, con algo de temor, giré el rostro, para observar los habitantes del motorizado. En él, un jovencillo se refugiaba en la oscuridad, con la cabeza baja. Sin duda: tierno, pero fue tan poco lo que pude ver… Una bifurcación nos separó un segundo mas tarde. Me dirijía hacia el norte de la ciudad, él hacia el sur.
 
Nos volveríamos a ver, lo se.
 
Ir al capítulo: 1 / 1b / 2 / 2b
 
 
Deja un comentario

Publicado por en 7 diciembre, 2006 en Encuentros, Relatos

 

Capítulo 1

La noche transcurria con calma. Horas de coche, en la carretera, camino a quien sabe donde. Ni luna llena. Ni cielo perfectamente despejado y estrellado. Una noche normal.
 
Luces delante, luces detrás, y a ambos lados. El resto: oscuridad. Automóviles anónimos viajando a nuestros lados. Más rápidos, más lentos, pero ninguno igual. Rodeados pero solos.
 
Rugidos de motores, zumbidos veloces, incluso chirridos. Con esfuerzo: algún animal, algún susurro, algún murmullo natural. Pero en realidad: silencio.
 
Aumentó la humedad y las nubes. Grises y esponjosas, moteadas de cielo. Contadas lágrimas acariciaban el vidrio. Suaves y frias gotas que observaba atónito. Mi cálido aliento empañaba los cristales. Lo rocé. La humedad y el frio traspasaron la barrera, y se aferraron a las llemas de mis dedos.
 
Se condensaron nuevas gotas, que resbalaron lentamente. Tras el vidrio, agua. Tras el agua, vidrio. Y tras éste: ella. En la oscuridad de su vehículo solo pude distinguir los matices de su perfil.
 
Fue, sin embargo, una experiencia inimitable. Aun con lo poco que los ojos me permitían ver, pude intuir el brillo de sus ojos, la humedad de sus labios, el color de su aroma, de naranja melocotón, aterciopelado, que envolvía su cuerpo cual aura misteriosa y suave, expandiendose lentamente con cada latido de su corazón.
 
Con la pausa mas serena del mundo, movió ligeramente el rostro. Entonces pude apreciar la ligereza de sus cabellos, y los volúmenes que formaban su sedoso rostro, iluminado por la escasa luz, mezcla de foco y reflejos prismáticos, cuyo brillo, sin embargo, parecía incidir mas fuerte sobre su ser.
 
El movimiento se prolongó a una velocidad extremadamente lenta y constante. Nuestras miradas coincidirían, iban a hacerlo. No me sentía digno de mirar a los ojos de tal diosa. No creo que me mereciera el honor de su mirada. Y pensar en esa posibilidad casi frena mi corazón.
 
Bajé la mirada rápidamente, durante unos eternos segundos. Al elevarla de nuevo, por las ansias de adorar la visión de la diosa, ya no estaba. Nuestros caminos se habían bifurcado y separado. Quien sabe hasta cuando.
 
Ir al capítulo: 1 / 1b / 2 / 2b
 
 
Deja un comentario

Publicado por en 28 noviembre, 2006 en Encuentros, Relatos