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Seguridad

Vino a visitarnos Marta, la hermana de Carlos. Fuimos a tomar algo con ella y un amigo suyo, Albert, quien a su vez vino acompañado de su pareja, Eva. En algún momento de la noche la conversación se separó en géneros.

Entre nosotras, Eva, originaria de Valencia, pero residente aquí en Barcelona, preguntó a Marta, que vive en Madrid, como era por allí la seguridad en las calles, como se sentía al volver sola a casa, y empezamos a compartir anécdotas de lo que era o no era caminar por las calles de las tres ciudades como mujer. Afortunadamente ninguna hemos vivido situaciones que se puedan considerar graves, como mucho incómodas, algo tensas, algo desagradables, pero no peligrosas. Personalmente no me siento insegura. A menudo salgo del trabajo a partir de media noche y vuelvo sola a casa. La mayoría del camino es en metro o en autobús. De la parada a casa he de atravesar las calles estrechas y no muy bien iluminadas de mi barrio. Pero aun así no me siento insegura. Y realmente hace años que no me ocurre nada desagradable.

Hace años…

Me di cuenta de que la mayoría de situaciones de acoso que he vivido ocurrieron en mi adolescencia o anteriormente. Y eso no me tranquilizó. Parece que aquellos que se sienten con el derecho de acosar, les gustan más jóvenes, inexpertas, vulnerables… Las prefieren niñas. Las prefieren incapaces de responder. O bien he dejado de ser su objetivo o bien he aprendido a evitar situaciones potencialmente problemáticas. He sido sincera al decir que no me siento insegura, pero también he de decir que no voy relajada: voy mas cubierta, camino rápido, evito lugares oscuros, grupos de hombres, estoy atenta a cada ruido, a cada sombra, cambio de acera si hace falta, y pongo el más duro de mis rostros a cualquiera que se me acerque.

Lo grave no es solo lo que pase, si no como se siente una por la posibilidad de que algo pase. El miedo que, aun inconsciente, domina nuestro día a día.

Desconozco el tema del que Carlos y Albert hablaban a nuestro lado, igual que ellos desconocían el nuestro. Igual que probablemente desconozcan el miedo que pueden llegar a generar en una mujer caminando por la calle de noche, cuando coincide que van en la misma dirección. Porque ellos no, pero hay  quien nos acosa, nos atraca, nos viola y nos mata. Y a simple vista, lo único que tienen en común es que son hombres.

 
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Publicado por en 30 enero, 2017 en Sin categoría

 

Globalización de 20 en 20 segundos

Entre las cosas que tiene la globalización, existe un fenómeno que últimamente llama mi atención. Todo lo que pasa en EEUU es el centro de atención, también en España. No negaremos que siendo uno de los países mas influyentes del mundo, tanto culturalmente, como por su política exterior, por ejemplo, lo que ocurre en ese país nos atañe nos guste o no. Pero hay ciertos temas que son exclusivos de sus dinámicas internas que poco sentido tiene que se debatan al otro lado del charco.

Un ejemplo claro es dar el pecho en público. Aparentemente “breastfeeding in public is an issue” en gringolandia. No creo que haga falta decir que censurar tal acto me parece aberrante. Amigos míos: las tetas están estrictamente diseñadas para amamantar a un bebé. Que luego los adultos se diviertan con ellas es otro tema, pero su sexualización es cosa nuestra, la naturaleza (o Dios, si quieres) las puso ahí para algo muy distinto. Y alimentar a un bebé cuando éste tenga hambre de forma cómoda para ambos, madre e hijo, es mucho mas importante a que a alguien no le apetezca ver de refilón la porción de un pezón. Prueba una cosa, si no quieres ver la teta: mira para otro lado.

Por alguna razón éste tema se ha hecho viral. Me parece maravilloso que las mujeres estadounidenses estén luchando por ganar esa importante batalla contra el puritanismo. Pero me parece ridículo cuando veo gente, aquí, que esta debatiéndolo como si hubiera algo que debatir. Ésto es, no hay nada malo en tenerlo en cuenta por solidaridad con las mujeres de otros países (igual que se habla de otras muchas cosas), pero siento que discutirlo como se discute aquí ahora, donde nunca fue un problema, hace que algunos se lo replanteen y empiecen a formarse ideas negativas en torno a ello.

Supongo que es parte de la magia de Internet. Lees sobre cosas que ocurren en distintas partes del mundo. Lees lo que la gente piensa. Lees lo que la gente cree. Abres tus fronteras de conocimiento y formas nuevas ideas, nuevas opiniones sobre cosas que ni sabías que existían, o opiniones mejor informadas sobre lo que sí. En teoría. En la práctica siento que lo único que recibimos es una avalancha de información super procesada por los mismos medios de divulgación masiva que ahora moldean el pensamiento, no solo de los habitantes de su país, si no de todo occidente. Que al menos un cuarto de mis contactos de facebook vivan en EEUU no ayuda, lo se, pero recibo ésta información también de otros amigos que no han pisado América en su vida.

Querida humanidad, es maravilloso ampliar fronteras (o destrozarlas), pero lo único que estamos haciendo es dejarnos comer por un pez mas grande. Si perdemos la diferenciación, perdemos perspectiva, perdemos capacidad de crítica, perdemos riqueza cultural. En definitiva, perdemos. Solo vemos los problemas del vecino y no los propios. Nos escandalizamos por los chavales negros asesinados a manos de policías sin razón en estados unidos, y no nos damos cuenta de los africanos que meten en centros de internamiento por intentar ganarse la vida en las calles de Barcelona vendiendo bolsos a turistas. Y lo peor es que no nos damos cuenta de que, aunque sean situaciones muy distintas, ambos problemas tienen raíces comunes porque los documentales de 20 segundos que se comparten en facebook no llegan ni a insinuarlos.

 
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Publicado por en 6 septiembre, 2016 en txt

 

Por esa gran mujer

Éste año, en nuestra visita a Houston, llegamos tarde.

Llegamos tarde para despedirnos de tio Quico, Enrique Raso, llegamos tarde para despedirnos de Avi, Lluís Delclós, y llegamos tarde una vez mas para despedirnos de Karma, la gatita que Carlos adoptó en la universidad.

Llegamos a tiempo, eso si, para alguno de los muchos actos conmemorativos que se realizaron en nombre de Avi. Mucho oímos sobre él, sobre sus logros en el campo médico, sobre lo feliz que había hecho a su gran familia, sobre su infancia, sobre sus viajes, sobre su inteligencia, sobre su migración a estados unidos, sobre su amor por la comida.

Algo eché de menos entre todas esas palabras pero que tampoco me atreví a decir yo, pues llevo poco en esa familia y lo de hablar en público no es lo mio. Eché de menos conmemorarla a ella, a Avia, a Teresa Clanchet. No me gusta usar esa frase de “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”, no me gusta porque sitúa a la mujer detrás, en un segundo plato, con menor importancia, pero no negaré el acierto de la frase en ésta situación. Avia siempre estuvo ahí, no detrás, si no al lado, y por lo menos la mitad de lo que Avi hizo en su vida, desde que le conoce, merece agradecimiento a Avia también. Es un secreto a voces que esa mujer era imprescindible en su vida, y por supuesto también en la de sus hijos y nietos.

Ésta vez tocaba conmemorarle a él, pero de todos los presentes, yo la conmemoro a ella. Porque Lluís ya no está aquí ni tiene de qué preocuparse. Pero Teresa tendrá que seguir luchando, y ahora con el dolor de la pérdida. Afortunadamente tiene una gran familia que le ha dado, le da y le dará todo el amor que esté en sus manos. Pero el vacío que deja un compañero, no se puede llenar.

Molta força Teri, t’estimem moltísim, i tens el nostre recolçament pel que faci falta, ara i sempre.

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Publicado por en 25 julio, 2016 en txt, Viajes

 

Violencia en 6th street

Austin, TX, Estados Unidos. Sábado por la noche.

Cada fin de semana, como buena ciudad universitaria que es, el centro de la ciudad se llena de jóvenes saliendo de fiesta, 6th street es la calle mas popular. La calle y los bares estaban llenos. Nos encontrábamos en un bar llamado Sing Loud, donde dos pianos, con sus pianistas, interpretan versiones, se duelan mutuamente, invitan a clientes al escenario y bromean alegremente, mientras los presentes disfrutan del espectáculo tomando una copa sobrevalorada.

Eramos ocho chicas celebrando el próximo enlace nupcial de nuestra amiga (futura cuñada) Kelly. Había sido una mañana maravillosa en el río San Marcos, una tarde relajada en la piscina, una noche divertida de baile, y Kelly cantando en el escenario la primera canción que bailó con su futuro marido a duo con el pianista, había sido la guinda del pastel.

Eran casi las 2 de la mañana y el mencionado bar, junto a todos los demás, se disponía a cerrar. Salimos y la calle estaba abarrotada de todos aquellos que estaban abandonando sus locales. Entre el gentío, seis policías montados atravesaban la calle en formación. Algo oyeron que les hizo girar. Saqué la cámara y me puse a grabar. Arrearon a los caballos y cargaron contra la multitud, que corría hacía donde podía presa del miedo. Tenían dos objetivos: despejar la calle rápido y a la fuerza, y una chica.

Entre dos policías acorralaron a la joven. De aspecto latina. Menuda. Top negro, falda roja. Uno de ellos le agarró de la melena desde el caballo mientras el otro se aseguraba que nadie se acercara. La chica luchaba por desprenderse, golpeando torpemente el musculado pecho del equino. En algún momento se escapó de las garras del policía, pero el otro le agarró de igual bárbara manera. Un joven se acercó. Quizás su novio, quizás su amigo, quizás un completo desconocido. Se acercó para defenderla y arremetió verbalmente contra el policía, cuestionando su juicio y su desmedida actuación. Entre la multitud confusa e inquieta apenas pude oírle. Pero escuché algo así como “¿Qué vas a hacer, sacar el arma?”.

La mitad de mis amigas estaban ya lejos del escenario. Una de ellas intentaba alejarnos de ahí a las que aun quedábamos. We gotta go, we gotta go, we gotta go… Un vecino tiró agua desde un balcón a los policías, que seguían reteniendo a la chica del pelo. Pero lo que me hizo decidirme a irme fue escuchar la palabra gun repetidas veces. Ésto no es España, pensé, aquí la policía dispara y mata por menos que ésto. Y me alejé. No vi ni grabé lo que sucedió después, pero algunas de mis amigas si, vieron como echaban spray pimienta al chaval que la defendía. Los curiosos que quedaban, ahora si, huímos despavoridos. Pude oler el vómito que provocó el ataque con el spray. Vi tres chicas huyendo de allí con los ojos llorosos tapándose nariz y boca. Vi también como entre 4 policías montados y dos a pie se llevaban, arrastrándola del pelo, a la chica del principio, hacia las furgonetas que tenían aparcadas en la esquina.

No encontramos mención de los sucedido en twitter. Tampoco en ningún telediario. El mundo estaba demasiado absorbido por los policías abatidos en Dallas unos días antes. Y no había noticias por algo muy sencillo: lo sucedido no era nada extraordinario, ese es el día a día en las calles de Austin. En cuanto empiezan a cerrar los bares, la policía montada desaloja la calle a hostias. No se les ocurre que las muchedumbres necesitan un tiempo para deshacerse naturalmente. No se les ocurre que cada uno ya estaba, antes de que llegaran, dirigiéndose lentamente hacia sus casas. No se les ocurre que con su presencia, con su actitud, con sus acciones, estén creando de la nada situaciones peligrosas para todos los presentes (transeúntes, vecinos, policías y caballos). No se les ocurre que éstas acciones no hacen mas que generar odio. Que la violencia genera violencia. Y quien empieza tiene la mayoría de la culpa.

 
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Publicado por en 10 julio, 2016 en txt, Viajes

 

Un día

Y llega el día en que una aprende
que las barbaries de la represión provocan dolor durante siglos,
que la envidia hace daño a ambos partícipes, aunque el envidiado desconozca su condición,
que cuando a unos les hace falta volar a otros les hace falta tocar la tierra,
que para continuar el camino hace falta soltar los lastres,
y que muchas veces, para conseguirlo, hace falta ayuda.

Espero, entonces, a partir de hoy
romper el cinturón que me constreñía,
borrar el odio del que fui, sin saberlo, objeto,
tocar con los pies a tierra mientras mi cabeza siga volando,
poder seguir, ligera, mi camino,
y saber donde pedir ayuda si la vuelvo a necesitar.

Gracias.

 
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Publicado por en 11 abril, 2016 en Sin categoría

 

#29

Empiezan mis últimos “veintialgo”. Desde luego no soy la misma que cuando empecé.

Tengo mas arrugas, mas manchitas en la piel, mas canas, mas kilos, no estoy tan en forma, ni mi trasero es el que era. Pero también tengo menos tonterías, mas experiencia, mas conocimiento, y un compañero de vida excepcional.

Que queréis que os diga, me quedo con las canas antes que las tonterías, no hay mucho que envidie de mi yo de los 20, me quedo con mi yo actual.

 

 
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Publicado por en 15 marzo, 2016 en Hoy, txt

 

No se puede des-ver lo visto

Es difícil de explicar que comprendes la vida, y por ello has dejado de temer la muerte, que comprendes símbolos como el sri yantra, que comprendes el número aureo. Pero no intelectualmente, no es que los racionalice, no es que los piense, los estudie, los aprenda. Es que los comprendo, es que los he visto, es que significan algo para mi.

Es difícil explicarlo sin parecer un tarado, un hippie de la vida… Pero es algo real, es algo profundo, es una de esas cosas que cuando ves no puedes des-ver, que te cambian para siempre aunque tu vida siga totalmente igual. Ojalá pudiera compartirlo con mas gente. Ojalá mas gente comprendiera el mundo como lo comprendo yo. Me hizo recordar, eso si, que así ha sido siempre mi vida. No explicar lo que pienso, lo que siento, lo que creo, lo que se, porque pocos lo entienden, o peor, pocos lo respetan.

Después de mis padres solo hay una persona con la que, en mi vida, he podido compartir todo, y ha comprendido todo. Carlos. Y por eso (y unas cuantas razones mas) me casé con él. Porque aunque no pensemos del todo igual, cuando abrimos los ojos, vemos lo mismo.

 
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Publicado por en 5 febrero, 2016 en Sin categoría