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Por aquellos que no pudieron venir

24 Ago

A menudo me han preguntado, a raíz de la boda, si ésta fue tal como me la imaginaba.

Aunque se refieren, específicamente, a cómo de pequeña o de adolescente, o el cualquier caso antes de planear en serio una boda, fantaseaba con cómo iba a ser. La respuesta simple es que nunca me la había imaginado, pero la realidad es un poco mas compleja.

Cuando allá en la infancia, ves las películas de Disney y se habla en el colegio de unas celebraciones llamadas bodas, una empieza a obviamente fantasear con la suya propia, no sin antes, viéndose como una eterna niña y a sus padres como casi únicos referentes adultos, fantasear con la de éstos. Recuerdo un día estar en casa y, pensando en el típico vestido de novia, e imaginando a mi madre así vestida, preguntarle con toda la ilusión del mundo “¿Y tu que llevabas puesto cuando te casaste?”. Me esperaba una descripción detallada, que me contara como era el vestido, que me contara como fue el día, que me enseñara fotos… Su respuesta fue la mas seca y corta que me podía imaginar: “¡Pues falda!” Con un tono que añadía mentalmente “¿Qué otra cosa, si no, iba a llevar?”. Mi decepción no me permitió seguir preguntando. Mas adelante aprendí que mis padres se habían casado sin mas testigos que los dos obligatorios y el juez, sin ceremonia, sin familia, sin fiesta, sin ni tan solo días libres en el trabajo. Mi romantización con respecto a las bodas se fue al garete por completo y empecé a despreciarlas a pesar de que, inevitablemente, me emocionaran las expresiones de amor público. Con el tiempo encontré un punto medio y creo que en nuestra boda definimos, muy bien, lo que realmente queríamos. Podía haber sido distinta, pero fue maravillosa y perfecta en tanto que fue.

Volviendo a la infancia. Ya en el instituto, cuando empecé a coquetear con el tema del diseño de ropa, y dibujaba conjuntos variopintos, llegó el momento en que dibujé un vestido de novia ¿Por que, qué colección de moda que se precie no termina con un vestido de novia? El primero que dibujé era un vestido que parecía mas propio para un disfraz de duende o hada del bosque. Me sigue encantando. Y si me hubiera casado con 14 años hubiera llevado ese vestido. Pero con el tiempo lo vi como poco apropiado y mas adelante, con los 15 o así, dibujé el que sí que fue. Y aunque del dibujo inicial a cómo al final con la modista fuimos definiéndolo, hubo un gran cambio, las lineas generales se mantuvieron y estoy orgullosísima del resultado.

Con 15 años lo único que tenía claro era el vestido. Hacia los 16 años, el que fue mi novio en el instituto (Pol), un día me explicó el momento en que se casó su prima, unos años atrás, como un día super feliz para él, pues veía como su prima, con la que jugaba de pequeño, con la que tantos momentos de su infancia había compartido, se hacia mayor, era ya una mujer, y su visión de ella cambiaba totalmente, pero de una forma muy feliz.

Obviamente me puse a pensar en mi primo Sergi, que para entonces debía tener unos 5 o 6 añitos y era mi único primo (mi prima Paula nacería un año mas tarde), y cómo vería él, en un futuro, el día en que yo me casara. Y a partir de ese día lo único que imaginaba de mi boda invariablemente era que él iba a estar allí. Que Sergi iba a ser testigo. Y me imaginaba su sonrisa. Y me preguntaba qué iba a sentir. Y me lo imaginaba feliz. Y yo feliz de verle a él. De que estuviera a mi lado un día tan importante.

Si me conoces medianamente o has seguido mi blog sabrás que eso no pudo ser. Sergi, que ahora tendría 15 años y a punto de cumplir los 16, nos dejó a la edad de 10. Obviamente allí estaban sus padres, mis tios, y también su hermanita, Paula, que fue quien tuve el honor de tener como dama de arras. Sergi no estuvo. Pero si nuestro amor por él. Y espero que también su amor por nosotros.

Quería haber dicho algo en la boda, quería haber hecho un brindis disfrazado “por aquellos que no pudieron venir”, pero que en realidad fuera por él y por los que ya no están con nosotros. No pude hacerlo. Simplemente no me atreví. Y por eso lo digo ahora aquí. Va por ti, pequeño. Porque aunque no pudieras venir, siempre, siempre, estás ahí con nosotros, porque siempre, siempre, te recordamos y te llevamos en el corazón.

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Publicado por en 24 agosto, 2014 en Otros tiempos, txt

 

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