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El por qué de mi silencio

26 Abr

Soy consciente de que no escribo en el blog desde, a éstas alturas, cuatro meses menos un día. La razón es clara y simple. Mi vida ha cambiado bastante y todavía no he sabido encajar ésto dentro de ella. O quizás, también, es que no lo necesito tanto.

A principios de diciembre dejé el nido familiar y me mudé con Carlos. No ha sido fácil. La relación con mi familia es y siempre ha sido excelente, con lo que alejarme de ellos supone un gran esfuerzo, y no pocas lágrimas. A pesar de vivir a apenas 10 minutos de ellos, qué se le va a hacer, el corazón no atiende a razones. Pero también sentía la necesidad, desde hace ya bastante, de dar un paso adelante en la vida. De llevar por fin una vida de adulta, de empezar a compartir, mas que una relación, una vida con Carlos. Y por fin hemos dado el paso.

Afortunadamente y aun lo enmadrada que me considero, soy bastante apañada y la adaptación a la independencia no ha sido complicada. Carlos desde luego, me lo ha dejado fácil, aunque de eso no tenía duda. Pero el tema es que entre las obligaciones caseras, muchos mas días de trabajo (que merecen no una entrada, si no un blog entero para hablar de ello), y otras cositas, mi tiempo de ocio ha disminuido bastante, y especialmente las horas que paso delante del ordenador.

Por otra parte, ahí viene la bomba, nos casamos. Nunca he sido muy de formalismos, pero al final una cosa lleva a la otra, y aquí estamos, a 77 días del enlace. Y organizar una boda, por sencilla que sea, supone bastante mas trabajo del que, en inicio, me esperaba. Así que ganas de ponerme aquí a reflexionar sobre el mundo después de pasarme horas comparando precios de cáterings, no me quedan muchas.

Estar comprometida ha supuesto otros cambios en mi vida que no me esperaba en absoluto. Porque nada tienen que ver con el matrimonio. Eso de que los amigos están en las buenas, y los buenos amigos también en las malas, se podría aplicar al revés. No soy una persona que pida, por lo general, ayuda a nadie. Mas que a mis padres o mi pareja, pocas veces he pedido favores o ayuda a amigos. Seguro que lo he hecho, pero la verdad que ahora no lo recuerdo. El caso es que tampoco recuerdo haberme sentido frustrada o no correspondida porque algún amigo me haya fallado en ese aspecto (normal, dicho lo anterior). Mi sorpresa ha venido cuando sin esperar nada, amigos cercanos o nuevos han ofrecido con todo su amor un granito de arena, o mucho mas que eso, para hacer de ese día un día especial, mientras que otros… todo lo contrario.

Así que entre unas cosas y otras, los últimos meses los he pasado entre sentirme desamparada por dejar la misma casa en que fui concebida y llevo viviendo toda mi vida, pero amada y cada dia mas a gusto en mi nuevo hogar; ilusionada por la boda, pero queriéndolo mandar todo a la mierda cuando no había manera de avanzar; huérfana de algunos amigos, pero descubriendo los diamantes en bruto que son otros. En definitiva, vivo en una pequeña montaña rusa. Y poco a poco adaptándome a todas esas subidas y bajadas, para que algún día, las sepa llevar con calma (o la calma venga de por si).

Hasta la próxima!

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Publicado por en 26 abril, 2014 en txt

 

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