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Rodajes y demás

10 Feb

Me comentaba Abel en un rodaje (no mi hermano, otro Abel, un compañero de la agencia con el que voy coincidiendo en algunos rodajes), aunque quizás fuera su hermano gemelo Samuel, los distingo, pero ahora no lo recuerdo. El caso es que me comentaba que siempre había un momento en medio de los rodajes, entre el frío o el calor, el hambre o la sed, entre tomas y mas tomas desde distintos ángulos de una misma escena, con nosotros, los figurantes, a la espera y mas bien aburridos, en que piensas “¿Qué coño hago yo aquí?“.

No negaré que cuando te hacen quitarte la chaqueta porque hay que fingir que no es invierno, o te hacen caminar con zapatos de tacón que te vienen pequeños, realmente lo que me pasa por la mente es que no pagan suficiente para maltratarnos así. Pero la verdad es que tampoco nos exigen mucho. Estar de fondo no es tampoco una tarea dura. Y si vas preparado física y mentalmente para el frío y para el normalmente escaso y no exquisito cátering, solo queda mirar, charlar con la gente, y disfrutar todo lo que se pueda de las máximo 12 horas que vas a estar allí.

Quizás sea por que soy mas bien novata en éste mundo, pero yo me lo paso muy bien. Ver el otro lado de la cámara es muy interesante. Cada vez es algo diferente en un lugar diferente con gente diferente. Que los de vestuario te vistan y los de maquillaje te peinen y te pinten de otro personaje que tu sabes muy obviamente que no eres tu, al que interpretar, de manera mas o menos aproximada, pero sabiendo que si la cagas no importa mucho porque estás de fondo y ni se te ve, es bastante divertido, o por lo menos, lo contrario a monótono. Y charlar con gente nueva o con aquellos con los que solo te topas en similares circunstancias es siempre enriquecedor.

Después están esos otros trabajos que a veces me salen, como los de repartir flyers (manera guay de decir propaganda), en que sí que realmente piensas “¿Qué carajo estoy haciendo yo aquí?“. Estás en medio de la calle, con un montón de papeles en la mano. Pasa alguien, sonríes, le das un papel, le dices en 1 segundo de qué va, le das las gracias, te das la vuelta y al siguiente que pasa lo mismo. Así pasan los minutos que parecen horas. Y tu ahí, en la calle, sonriendo y pasando frío por cuatro duros. Menos mal que de vez en cuando te encuentras con alguien que te anima un poco la tarde, ni que sea por la anécdota que te dejan. Recuerdo esa pareja joven que me vino a ver que tal estaba, y me dieron una fresa de las que acaban de comprar, todo muy raro, pero muy majos. Me dijeron que trabajaban ahí en frente y que si necesitaba algo ya sabía donde estaban, resultó que eran mossos y lo de ahí en frente era una comisaría. No pasó 1 minuto de conversación y ya me dijeron que si veía algo “raro”, que luego definieron como “ilegal”, les dijera algo. Y así de repente, una simpática pareja que se preocupaba por mi, me convirtieron en confidente de la poli a cambio de una fresa.

También había un montón de ancianos. Abuelitos y abuelitas que venían de hacer la compra o pasear. Muy majos, por lo general. Había algunos que lo único que querían eran hablar. Y por mí bien, así hacía algo diferente durante unos escasos minutos. Pero cuando digo hablar, es hablar, no mantener una conversación. Uno me contaba que había enviudado hacía dos años y estaba muy solo, y lo único que quería era alguien que le acompañara a sus múltiples viajes. Italia le encantaba, decía que la ciudad del amor no era París, no, el amor estaba en Italia. Después aquella anciana que me explicaba que su amiga quería comprarse una nevera que no hiciera hielo. Le dije que todas las nuevas ya las hacía que no se acumulara hielo, y entonces me empezó a contar que la suya tenía ya 10 años y no le hacía nada de hielo, pero la de su amiga, que tenía 15, sí. Otro hombre me vino a decir lo mal que estaba todo, que no puede ser, que qué hacía yo ahí en la calle con el frío que hacía. Y yo sonriendo, qué otra cosa iba a hacer. Me contaba que el otro día había ido a un bar y que la camarera tenía la carrera de Psicología, y que no podía ser, que tanta gente con estudios estuviera trabajando en esas cosas o se estuviera yendo del país. “¡Que me va usted a decir! Yo tengo dos carreras y míreme de qué estoy trabajando“. Me miró como quien mira al emisor de un extraño ruido blanco que le había interrumpido, y siguió hablando de lo mal que estaban las cosas, que no podía ser.

Menos mal que también están los niños. ¡Ay, los niños! ¡Que ilusión les da que les des un papel! Eso si, si hay varios y se lo das a uno, le tienes que dar a todos, porque que ningún pobrecito niño se quede sin su papel. Lo de compartir no se les da muy bien, pero son tan tiernos…

Volviendo al tema de los rodajes, hay quien ya me ve de actriz. No diré “de éste agua no beberé”, pero la verdad es que nunca he tenido ni tengo intenciones de ello. Ni talento, diría. De hecho, me gusta más estar detrás de una cámara que delante, la verdad, a pesar de que haya hecho de modelo para algún fotógrafo particular tropocientas veces y tal… Y una cosa es de figurante, que como he dicho no hay que hacer mucho mas que estar, y si no lo haces perfecto no pasa nada porque no se te ve, que un papel un poco mas importante al que se le une el hecho, en publicidad, de estar dándole tu imagen a una marca que no tiene por qué, ni de asomo, compartir alguno de tus principios. Véase, por ejemplo, el anuncio de McDonalds para el que participé hace un mes y en que deseo con todas mis fuerzas que no se me reconozca cuando salga. Pero resulta que por unas cosas u otras me he metido en éste mundillo y me gusta. No digo que me quiera asentar aquí. Pero como hablaba con César hace poco, muchas veces es así como acaba uno metiéndose en un sector o una empresa hasta el fondo. Empiezas con un trabajillo tonto para sacarte un extra y cuando te quieres dar cuenta llevas un puñado de años ahí y tu sustento depende de ello. Así empezó César en los cines Balañá, mi padre en la hostelería, o mi hermano en Synthes, y me da la sensación de que son muchísimas las personas que empiezan igual. Así que quién sabe, si no encuentro otra cosa y doy un tumbo radical, donde me llevará ésto (o no) de aquí a unos años.

Cierto es, por otro lado, que la única vez que he actuado en mi vida, a modo teatrillo delante de la clase en el instituto, lo disfruté muchísimo y me metí espectacularmente rápido en el papel. Y que deseé que de pequeña me hubieran apuntado a teatro para rematar la timidez que tanto me frena y que he ido superando poco a poco a mi manera . Pero no fue así, y aun está ahí, especialmente si tengo una cámara, un micrófono, o una audiencia de mas de 5 personas delante. Así que qué se le va a hacer. Prefiero fotos. El día que hice de modelo para el catálogo de una tienda de uniformes de trabajo me lo pasé genial, además de que pagan bastante mejor. Y me encantaría repetir. Pero cada vez que tengo que ir a un casting lo paso fatal o peor. Además de salir de allí con unos complejos con respecto a mi aspecto que no me los merezco. Mis sentimientos hacia el mundillo de la publicidad son muy polarizados, la verdad, pero intento quedarme con lo bueno y disfrutar del momento.

¡En fin! Creo que ya he escrito bastante por hoy. Hasta la próxima y un abrazo a mis queridos lectores. Especialmente a los que han llegado al final de la larga parrafada de hoy ;)

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Publicado por en 10 febrero, 2013 en txt

 

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