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Sensaciones de verano

03 Ago

No se si sensación es la palabra que busco. Estoy pensando en esos detalles, esos estímulos, que te hacen recordar algo o, en éste caso, darte cuenta de que es verano.

Obviamente está el tema del calor, señal inconfundible de que algo está pasando, pero calor también lo puedes pasar en una sauna en pleno enero, o si tienes fiebre, y no piensas en el verano. Están las vacaciones, claro, pero de eso se tiene en otros momentos del año, o no se tienen en verano (período único del año en que, generalmente, trabajo). Son cosas mas sutiles las que despiertan la percepción veraniega.

He oído ya algunas veces que para muchos es la imagen de las palmeras, tan tipificadas de playas paradisíacas, y tan comunes en las costas. Hay quien la mera visión en vivo de una palmera le recuerda el verano. Desde luego, no para mi, porque palmeras las llevo viendo toda la vida. He llegado incluso, en marzo del 2010, a ver palmeras cubiertas de nieve ¿qué clase de verano es ese?

Para mí hay varias cosas que me hacen darme cuenta del verano. Una y muy esencial, es la llegada de las golondrinas. Adoro su sonido, y solo a principios de verano pasan por nuestras tierras con sus cantos, y salpican nuestro cielo con sus características siluetas.

Pero hay otra cosa, menos agradable, que es inconfundible del mas asfixiante calor de verano: el sonido de las chicharras. Para quien no lo sepa y de manera muy burda, las chicharras son una especie de grillos gordos y diurnos. A diferencia de las palmeras, que están ahí haga frío o calor, las chicharras solo cantan cuando hace mucho calor. Cualquier visita al monte en verano conlleva su banda sonora, y como el campus Mundet, donde estudio Psicología, tiene ese privilegiado lugar en medio de la montaña, también allí inundan con su sonido los últimos y asquerosamente calurosos días de clase y mes de exámenes. También cuando estuve en Formentera, que básicamente es una isla-desierto, tenían una fuerte presencia. Y no se si es que solo cantan cuando hace mucho calor, o que es ese el único momento en que, con la mente en silencio por el agotamiento que da ese clima, su sonido consigue clavarse en mi cerebro y darme la sensación de que si no me derrito es porque el ambiente está demasiado seco y pasaría directamente a estado gaseoso. En cualquier caso, ahí están, y aunque su sonido me parezca de lo mas molesto, están ligados al verano, y lo adoro, así que aquí está una entrada de blog homenageándolas.

Sin embargo, no puedo despedirme sin recordar otra cosa con la que tengo relacionadas las chicharras. Se trata de un juego de rallies que teníamos para la Play1 cuyo nombre ya no recuerdo. El caso es que me divertía practicando la conducción, y como nunca he sido muy competitiva ni me ha gustado mucho correr, escogía el coche mas lento (que tampoco recuerdo cual era) y el circuito mas sencillo, que creo que era Córcega. ¿Y adivinas qué? El sonido ambiente de ese circuito cálido, seco y polvoriento era puro y duro sonido de chicharras.

Ric-ric-ric-ric-ric…

 

P.D.: Cuesta creer que ya estemos en agosto ¿qué pasó con julio? ¿quién se lo llevó? >.<

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Publicado por en 3 agosto, 2012 en txt

 

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