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18 Abr

Me quedé corta con la explicación que hice sobre la Semana Santa en Tejas. Así que he decidido añadir sin orden específico unas cuantas reflexiones que han ido surgiendo de la estancia.

– Algo que ocurre en la estancias cortas, es que en 10 días no te da tiempo de echar de menos casi nada, como la comida casera y esas cosas. Pero si algo he echado de menos, además de dar un paseo, fue hacer yoga ¡ay, que qué ganas tenía de volver a estirarme!.

– Por otra parte, si algo tiene de bueno ir en coche a todas partes, ergo no caminar, y el aire acondicionado alto allá donde vayas, es que llevar zapatos de tacón no es un suplicio, ya que ni caminas mucho, ni tienes los pies hinchados del uso + el calor. Así que a lucir sin sufrir, fíjate que bien…

– A pesar de lo tremendamente cuidadas que estaban las carreteras, era común ver trozos de neumático en los arcenes, clara reminiscencia de un reventón. Pero no hablamos de un trocito, ni hablamos de un pinchazo. Hablamos de un trozo de neumático mas grande que mi brazo fruto de un señor reventón con accidente asegurado. Por suerte solía haber escapadas a ambos lados de la carretera, nada de barrancos (es todo plano), por lo que deseo y espero que no hayan sido en definitiva accidentes graves.

– Fuimos a ver una obra de teatro donde actuaban dos de las primas de Carlos: Alejandra y Katerina Mangini. Representaban el musical de Ragtime. En él, tres grupos diferenciados de principios del s.XX en Estados Unidos: blancos acomodados, negros, e inmigrantes, explicaban sus respectivas (y entrelazadas) historias mezclando hechos históricos con fantasía. Mi reflexión al respecto se fundamenta en el tema del racismo. Y es que por muy sensibilizados que estén en ese país sobre el tema de la discriminación racial, especialmente con respecto a la raza negra, en la obra se decían no pocas veces palabras peyorativas contra las personas de color. Podemos decir que es un reflejo de la época, que era racista, y que lo representan así por fidelidad historica. Y de hecho así lo especificaron a principio de la obra. Ok. Pero entonces ¿Por qué el representante de los inmigrantes, un judío que fue en busca del sueño americano, y se encontró con pobreza y discriminación no puede decir “maldita América” y cambia el adjetivo por una palabra sin sentido? ¿Por qué no pueden expresar el descontento con la situación, ni decir ninguna otra palabrota, pero sí insultar a la cara a un chaval por ser negro? O todo o nada, pero así: no.

– Y hablando de inmigración, al llegar nosotros a la frontera, la atención recibida no fue la mas agradable, en contraste sobretodo con la primera ocasión. Ésta vez, la mujer que nos atendió, para empezar no dejó que pasara junto a Carlos, ni que él estuviera presente en mi turno, porque había que ir de uno en uno, y poco le importó que yo pudiera necesitar alguien bilingüe que me ayudara a responder a sus preguntas. Preguntas que además me parecieron sin sentido. Primero preguntó que donde trabajaba, ante la negativa de que estuviera trabajando, y su cara de alucine, preguntó que qué hacía, le dije que estudiaba, y no contenta con esa respuesta preguntó que cuando empezaban las clases. Me costó un poco pero al final comprendí que le extrañaba que estuviera en Estados Unidos y no en clase, que quedó fácilmente justificado con el hecho de que tenía vacaciones. Si, señora, sorpresa, resulta que no en todos los países se hacen vacaciones a la vez. Aunque mi alucine principal fue: ¿a ti que te importa si hago campana? Pero bueno, supongo que lo importante es que me dejara pasar sin problemas.

– Todos estaban muy interesados por el tema de la crisis y de la reciente huelga general. Preguntaban sobre la situación aquí y alucinaban. No pocos eran los que, sinceramente preocupados, se cuestionaban que carajo hacemos todavía en España, y por qué no hemos vuelto (para Carlos) / inmigrado (para mi) ya a EEUU. Allí no hay crisis. Y siendo Carlos ciudadano y con doctorado, encontrar trabajo bien pagado no sería un problema. Una lo analiza objetivamente, y el planteamiento no es descabellado, lo se. Muchos están huyendo del país para poder ganarse el pan, y nosotros lo tenemos fácil para ir para allí. Pero ni quiero yo, ni quiere él. Otra cosa es que sabemos que no vamos a pasar hambre porque en caso de necesidad, solo tenemos que hacer las maletas y comprar un billete de avión. Pero no es una opción a la que nos vayamos a acoger si no hace falta. Espero que no llegue ese día.

– Vi por la televisión, en un par de ocasiones, un anuncio de Dr. Pepper que llamó mi atención, aun siendo bastante malo. Uno de los extras de ese anuncio, con el que había hablado en la grabación de un anuncio de Guillette en otoño, me lo había descrito y lo reconocí. Efectivamente, ese anuncio había estado grabado en Barcelona el verano pasado. Éste hombre había deducido erróneamente que, estando el anuncio grabado aquí, era señal de que iban a comercializar tal bebida en España, e ilusa de mi, me lo creí. Pero dado que también aseguró que se trataba de un “nuevo sabor de Coca-Cola”, cuando sé que realmente ni es nuevo ni es de Coca-Cola, no se por qué me creí la otra afirmación. De todas formas, tampoco me debería extrañar que vengan aquí a hacer anuncios. De 3 anuncios que he rodado (el de Guillette incluido), 2 de ellos tenían productoras inglesas, y de algún casting al que he acudido, que no han sido muchos, al menos en dos ocasiones la marca anunciante era francesa. Les debemos salir muy baratos.

– Aún me sorprende por un lado el tamaño de los platos (ésto es, de la parte que se come, no de la vajilla, aunque obviamente va acorde) y lo gorda que llega a ser la gente. No me cabe duda de que una retroalimenta la otra, literalmente. Pero no hablo de gordos en cuanto a cantidad de gente gorda, que también, si no lo MUY gordos que llegan a ser algunos gordos. Y me sorprende especialmente en los niños. Por que un adulto… bueno… ha tenido 40, 50 años para acumular grasa, el metabolismo nos traiciona con la edad, se va sedentarizando la vida. Podemos decir que es normal. Pero esos niños gordos hasta reventar no los entiendo ¡Pero si están creciendo! ¿Cuanto y/o qué tienen que comer para ponerse así? ¿Cómo sus padres pueden ver que su hijo está tomando forma esférica y no hacen nada para remediarlo? Que no es puramente estético, eh? Que también importa, porque esos niños mas que ternura despiertan asco (especialmente si los estás viendo comer). Pero se trata de salud. Tienen escrito en la frente “infarto a los 30”, si no “a los 20”. De verdad, éstas cosas no las consigo entender. Tanta obsesión con la salud, y no se percatan de algo tan fundamental…

– En ese orden de cosas, y enlazando también con lo anterior. Si aquí la tele parece falsa, ya sabes, todos guapos, delgados y perfectamente peinados y maquillados, allí ya es ridículo. Hay que decir que por lo menos en las series y las películas españolas hay gente fea o poco atractiva, gente normal al fin y al cabo, y solo hay que echar un vistazo a cualquier película de Hollywood para ver la obsesión por el perfeccionismo que promulgan. Pero la realidad americana está mucho mas lejos de su ideal de lo que está en España (si es que aquí podemos considerar nuestras producciones cinematográficas el reflejo de un ideal… que lo dudo).

– Y hablando de falsedad. Las verduras allí dan miedo. Los pimientos son brillantes, lisos, perfectos. Demasiado perfectos, parecen de plástico. Y pasan 2 días fuera de la nevera ¡y siguen perfectos! Los avances de la comida transgénica, lejos de fascinarme, me da un miedo terrible. Yo quiero verduras que los bichos quieran comerse y me las tenga que comer aun frescas porque se estropean con el tiempo.

– Por último comentar que el escaso tiempo que estuve en el aeropuerto de Londres, pude corroborar dos de los mitos que protagonizan. Por un lado: la reina. En las tiendas de souvenirs  estaban plagadas de imágenes de la realeza (junto al big ben, autobuses de dos pisos y cabinas de teléfono rojas). Me consta que entre los lugareños el tema de la reina, mas que un orgullo, es un chiste nacional (como viene siendo especialmente últimamente nuestra familia real), pero aun así, tanta reina por todas partes es poco menos que curioso. El otro mito corroborado es su mal gusto a la hora de vestir. No voy a decir que son todos, porque no, pero con echar una mirada mas o menos activa entre los clientes del bar, había mas de uno (o una) que dolía a la vista.

Y creo que con ésto termino. Para ser tan solo una semana ha dado mucho de sí. Recuerdo que del mes que pasé hace dos años hice un resumen bastante minimalista. Espero que os haya gustado y, como siempre, los comentarios son bienvenidos.

¡Un beso!

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Publicado por en 18 abril, 2012 en Viajes

 

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