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Semana Santa en TX

13 Abr

– Business or pleasure?

– Eh? Ah! Vacation.

– Vacation in Houston? Why?

Así empezaba mi vuelo de Londres – Houston con el que fue por un rato mi compañero de asiento (después me cambié para estar con Carlos), y esa es la forma en que todos los americanos reaccionan ante ese hecho. Excepto los que ya saben, por supuesto, que voy porque mi chico es de allí.

Pues qué queréis que os diga, yo no lo veo tan mal. Todos los americanos que no conocen Tejas parecen tener la misma idea de ese estado: desierto y armas. Los no americanos tienen una idea semejante, pero añadiéndole la exotización de los cow-boy, el “tenemos un problema”, y una usual apreciación por lo lejano. Poco puedo decir de las armas porque no vi ninguna (lo cual implica, por supuesto ¡que no todo el mundo tiene!),  pero lo del desierto es obviamente falso. Solo he conocido una pequeña parte del este de Tejas, el triángulo entre Galveston, College Station y Austin (dentro del cual se encuentra Houston y Sugarland), y mas que desierto es pantano: cálido, húmedo y muy frondoso, rasgo éste último, que me encanta. No digo que todo el estado sea igual, no olvidemos que aquello es enorme. Vivo en un país pequeño pero muy variado y no me atrevería jamás a juzgar las montañas del País Vasco por el desierto de los Monegros. De la misma manera, no creo que todo Tejas sea pantanoso, pero desde luego no todo es desierto.

En cualquier caso, hay un marcado rechazo general por ese área, tanto por los que no lo conocen como por los propios habitantes del lugar (con excepciones, por supuesto), que no acabo de comprender. No está tan mal… Cierto que hace un calor asqueroso en verano, que es zona de tornados (pasó uno por Dallas estando nosotros allí), que es la cuna de la especulación petroquímica, ciudad de nacimiento de Bush, existe la pena de muerte, y que es una ciudad bastante contaminada (dicen), pero en realidad lo peor que tiene en mi opinión, es común con la mayoría de urbes de Estados Unidos, y es que se necesita coche propio para todo. Lo que la reacción general me hace pensar (aunque no creo realmente que sea cierto) es que el día que conozca otra zona del país: alucinaré, porque si Tejas es tan horrible y a mi me gusta ¡como debe ser el resto!.

Aunque solo tuviéramos una semana (del 1 al 9 de abril para mi, hasta el 16 para él), hicimos un par de viajes por carretera y no nos quedamos tanto en la ciudad. Nuestra primera parada fue Austin, capital del estado, y al parecer ciudad menos representativa de éste. Es mas pequeña y densa que Houston, con mucha población universitaria, y bastante hippie. Me gusta Austin. O por lo menos siento que podría vivir allí mas que en Houston, ya que el estilo de vida es un poco mas semejante a aquí, ésto es, que la gente camina y va en bicicleta, por lo que el coche no se convierte en una obligada prolongación de tu cuerpo. Además, no hace tanto calor, y tiene un río guapísimo donde poder darse un chapuzón. El ambiente ‘alternativo’, si bien puede ser algo desesperante con el tiempo (aunque lo prefiero sin duda a un ambiente mas ‘conservador’), tiene buenas ventajas. Por un lado, difícilmente tendría problemas para encontrar alimentos vegetarianos. Por otro lado, la proliferación de estilos estrambóticos otorga libertad plena al individuo de ser como le plazca; no es que para mi eso sea un problema, exteriormente soy bastante discreta, pero aprecio mucho la variedad y la no discriminación. Es como la facultad de Bellas Artes convertida en ciudad, y eso es bueno.

Tras pasar el día en Austin, quedando con algunos amigos y pasando la noche en casa de Kelly, partimos hacia College Station. Tenía tantas ganas como miedo de conocer esa ciudad y la universidad que la ocupa: Texas A&M, donde Carlos estudió su licenciatura. Me habían hablado fatal de ese lugar. Y nuevamente, no me pareció tan mal. Me pareció un campus, de hecho, bastante guapo, y la ciudad: una mas, con sus casas bajas, sus carreteras anchas, y algún que otro edificio salido de otra época (aquí los tenemos modernistas a patadas, allí los hay que parecen del far-west). Claro que en la universidad hay cosas que llamaban la atención, por un lado que los edificios están mas cerca de lo que creo que es habitual, pero eso lo hacía mas parecido a mi campus de Mundet, así que tampoco me parecía extraño. Lo mas destacable fue la presencia de un cuerpo militar entre los alumnos de la universidad, todavía no entiendo muy bien por qué. Y mas o menos a la misma altura de extrañeza, la presencia de un tío manifestándose solito en frente de uno del edificio principal sobre la “guerra no declarada contra los blancos”, que justificaba con datos de estudios cuyos resultados habían sido muy obviamente deducidos bajo el prisma del racismo. Fue un poco surrealista, y Carlos discutiendo amigablemente con él el por qué lo que estaba diciendo era una gilipollez, también. Otro de los elementos destacables fue toda la exaltación de orgullo de la universidad. Los colores, las siglas, y las palabras “Aggie Spirit” proliferaban por todas partes. Era raro principalmente por que fuera de esa universidad se emplea la palabra Aggie como peyorativo, para hablar de los agricultores con desprecio (o algo así), y se hacen chistes con ellos como aquí se hacen (injustamente) sobre los de Lepe. No dudo que vivir ahí pueda ser desesperante, en gran parte por la mentalidad marcadamente right wing que dicen que prolifera en el lugar. Pero he de decir que para pasar un día, y no entender mucho inglés, no está tan mal. Y a diferencia de lo que me decían, no lo vi tan distinto al resto de lugares de Estados Unidos que he visitado. Entre ellos veo mas los parecidos que las diferencias, claro que porque mi comparación se basa en Barcelona, y cualquier lugar allí es muy distinto a éste.

Aunque la idea principal era pasar la noche allí, probablemente con Pablo, antes de que cayera la noche, volvimos a Houston, y allí nos quedamos el resto de la semana. Para completar mi opinión sobre la vida tejana he de decir que el orgullo por sus carreteras es justificado. El asfalto se ve gris, descastado del uso, pero en perfectas condiciones. Están reasfaltándola constantemente, nada de parches en los agujeros como estoy acostumbrada a ver, y si no vimos 5 veces trabajos en carretera en nuestro viaje de hora y media… vimos 10! Por otra parte, pude presenciar también algo hasta entonces desconocido, pero 100% tejano. Y es que junto a las carreteras se podían ver por todo el camino miles de florecitas azules, los bluebonnets (altramuces), la flor del estado, que junto a otras rojas (indian paintbrush), rosas (buttercups) y amarillas (daffodils, narcisos) salpican todo el campo durante la primavera.

Y hasta aquí mi relato. La estancia fue cortísima, pero como siempre, agradable, y la verdad es que cuesta volver a la rutina, mas por la situación económico-político-social que por la actividad diaria en sí. En fin, como absurda anécdota, añadiré que durante los primeros días tenía la inconsciente y vaga expectativa de que todo el mundo iba a hablar castellano, y al oír a alguien hablando en inglés pensaba: “pst! guiris”, seguido de un: “ay! no! que aquí la guiri soy yo”. Anyway… ¡Hasta otra!

 

P.D: Banda sonora del viaje: básicamente cumbia!

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1 comentario

Publicado por en 13 abril, 2012 en Viajes

 

Una respuesta a “Semana Santa en TX

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