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De fiesta mayor

30 Sep

El segundo fin de semana en que me escapé de Barcelona para desconectar un poco fué el del 27 y 28 de Agosto.

Para la ocasión, me subí la mañana del sábado en un bus hasta Igualada, donde Ingrid y Jordi me esperában para mostrarme su tan estimado pueblo, y en su mejor momento, pues eran las fiestas mayores.

Diables, dracs y olor a pólvora eran seguidos de gigantes y cabezudos de la mas variada calidad, así como castellers, batucadas, bandas y distintas danzas populares. Me encantan éstas fiestas, pero para no mas que un par de veces al año, si soy sincera. Si fuera mas a menudo perdería el encanto, el casi exotismo de lo tradicional, y su poder para transportar a antiguas épocas de paganos rituales con fuego, sofisticadas representaciones alegóricas, y aficiones mas o menos complejas de quien no vivía en un mundo tan tecnologizado.

Tras el desfile de inexplicables nostalgias, donde además me encontré con Nuria después de tanto tiempo sin verla, cenamos con los amigos del lugar en la plaza del pueblo, antiguo emplazamiento de una fábrica textil (lo cual es bastante común en tierras catalanas). Allí se celebraban diversos conciertos al aire libre, que escuchamos sin mucha atención por condición geográfica. Después de la cena fuimos a presenciar una de las pruebas del correbars, donde todo aquel que quería concursaba (en este caso) plegando una tienda de campaña de Quechua lo más rápido posible, lo cual era todavía mas complicado dado el nivel de cerveza en sangre.

El domingo fue mas relajado, pues lo pasamos en casa de Ingrid (en una urbanización de Capellades, junto a Igualada) tomando el sol, bañándonos en la piscina y comiendo en familia. Muy a gusto.

A comentar que si bien era la primera vez que visitaba Igualada, era la tercera vez que iba a Capellades. Las dos anteriores fueron con la escuela (en distintos cursos, sé que uno fue en 2º de ESO, pero no recuerdo la otra) para visitar el molí paperer. Lo que mas recuerdo de aquello fue escaparnos por ahí a la hora de comer y acabar en una colina cercana con Agnès y alguien mas, tomando el sol sin camiseta y con el pueblo a nuestros pies. Escapada que replicamos la segunda vez que fuimos. Tenía ganas de repetir aquello, pero la situación no dio. Estoy segura de que aun recordaría el camino a aquel terreno, si es que sigue ahí. La próxima vez será.

Gracias Ingrid por invitarme! :)

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Publicado por en 30 septiembre, 2011 en Viajes

 

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