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Archienemigo

16 Sep

Llevo unos días acordándome de un curioso personaje de mi época de instituto.

Yo debía ir a 3º de ESO, así que tenía unos 15 años. Ese curso entró en el centro un profesor nuevo, creo recordar que se llamaba Mariano. No se qué asignatura daba, pero era tutor en 2º de bachillerato, concretamente de la clase de mi hermano. Le apodaban “el nazi”. ¿Razón? Por el parecido físico (pero con mas quilos) y quizás por su extraña fijación con las normas. El caso es que susodicho personaje se convirtió cómicamente en mi perseguidor. Os cuento la situación.

No recuerdo ahora si a esa edad nos dejaban o no salir a la calle a la hora del patio. Imagino que hasta los 16, no. Por tanto debíamos estar encerrados en el instituto en el descanso. Los espacios destinados a ello eran la planta baja (en el hall) y toda la primera planta (donde esta el patio). Estaba estrictamente prohibido acceder al resto de pisos, y sobretodo permanecer en las clases (había quien dejaba las mochilas dentro y habían sucedido robos), que siempre estaban cerradas con llave. Imagina por lo menos 3 cursos con por lo menos 2 clases por curso, y unos 30 alumnos por clase, así como los alumnos de mayor edad que aun teniendo el permiso no desearan salir del centro en esa hora. Por lo menos son 180 críos correteando por los pasillos de un edificio no especialmente grande. Qué quieres que te diga, tanto yo como a mis amigas nos agobiaba. Así que subíamos al otros pisos y nos quedábamos plácidamente en un banco charlando.

Si, lo se, estaba prohibido, pero todos los profesores que nos han tenido saben que somos buenas chicas, saben que no dábamos problemas. Si el profesor de guardia era alguien que nos conocía, o nos escondíamos en alguno de los últimos pisos, no había problema, pero uno o dos días a la semana… era “el nazi”. Ahí empezaba la odisea.

Para las faltas de comportamiento te entregaban (no se si lo siguen haciendo) un papel relleno con datos y motivo de la falta, tipo multa, de las que hay dos copias, una blanca que se quedaban ellos y otra amarilla que debías enseñar a los padres y devolverla firmada. Coloquialmente era llamado “papelito amarillo” tanto para profesores como para alumnos.

No recuerdo cuando empezó el nazi a emplear sus horas de guardia en perseguirme y yo en huír de él por los pasillos, el caso es que yo siempre le ganaba. No era difícil. Hay dos escaleras, si uno sube por una y el otro le persigue por la misma… bajas por la otra. Y fácilmente la sencilla L que formaba el edificio se transformaba en un laberinto arriba y abajo en que era imposible atrapar a una adolescente que, indudablemente, tenía mejor estado físico que el profesor en cuestión. Y corría detrás mio preguntando el nombre, el curso y el tutor para darme un papelito amarillo, pero yo nunca le hacía caso, simplemente sonreía y me iba con rapidez. No iba sola, iba con amigas, por lo menos con Agnès que recuerde claramente, pero supongo que yo era la única en reírme en su cara, así que me tenía mucho mas fichada.

Otra gracia es que en cuanto sonaba el timbre era como llegar a “casa ” en el pilla-pilla, y el juego se paraba. Dejaba de estar prohibido estar por los pisos altos y él dejaba de estar de guardia, así que yo volvía a ser intocable. Así semana tras semana (si coincidíamos y no tenía cosas mejores que hacer, como problemas de verdad que un profesor de guardia debiera resolver).

Lo mejor del tema es que un día “me pilló”, y lo pongo entre comillas porque en realidad me dejé pillar. Simplemente no me apeteció huir, y mientras él bajaba por la escalera y por el hueco me preguntaba (con su cara de alemán malfollado) mi nombre y mi curso, respondí con una sonrisa en la cara: “Me llamo Aida Avalos, voy a 3º A y mi tutor es el señor Bonastre“, esperándole con la pose mas chulesca que podía. Siguió bajando las escaleras  sin sacarme los ojos de encima hasta que se quedó parado en frente mio, y mirándome a la cara y señalando con un dedo amenazador dijo: “Algún día… te atraparé“. Y se fue sin mas.

Perpleja me dejó… ¡¡pero si ya me tenía!! Y no me hizo nada. Ni aquel día ni ninguno. Nunca tuve la amonestación que tan a gusto me había ganado, porque tras mil amenazas, decidió no ponérmela. Lo cual hace que mi irreverencia a la autoridad por pura y dura rebeldía, no solo fuera divertida, si no que incluso tuviera un regusto dulce.

Comprendí, o por lo menos comprendo ahora, que el señorito Mariano disfrutaba de la persecución de alguna manera, y que no tenía gracia que me dejara atrapar. De la misma manera que el Joker disfrutaba persiguiendo a Batman, o de hecho cualquier villano de película disfruta persiguiendo al héroe, y sin él… pierde su identidad. No estoy diciendo que yo fuera un héroe y él un villano, obviamente, pero si teníamos una clara relación de perseguido-perseguidor, que aunque yo ni me hubiera planteado esa posibilidad, creo que nos divertía a ambos.

P.D: Me alegra mucho haber recuperado la sección “otros tiempos“, hacía mucho que no escribía nada aquí.

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2 comentarios

Publicado por en 16 septiembre, 2011 en Otros tiempos

 

2 Respuestas a “Archienemigo

  1. Nemesis Zombie

    13 octubre, 2011 at 21:02

    Es algo así como el perro que persigue a los autos, si un día alcanzara a alguno, no sabría qué hacer :)

     
  2. Aida

    14 octubre, 2011 at 9:01

    Jejejeje, exacto! :)

     

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