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“No somos los últimos”

22 Abr
[Escribí este comentario de una exposición hace tiempo, ya que lo tengo escrito lo pongo aqui, que un poco de cultura artistica de vez en cuando no va mal. Lo modificaré para aprovecharlo para un par de asignaturas. Si no lo leeis, lo comprenderé xD]
 
Aprovechando uno de los pocos momentos que he encontrado libres, me he acercado a la exposición sobre Zoran Music que la fundación Caixa Catalunya ofrece en la Pedrera (hasta el 18 de mayo).
 
He de confesar que jamás antes había oído hablar de este autor, pero fueron dos los profesores que nos la recomendaron. Hacía mucho que no conseguía tiempo para acudir a nada relacionado con el arte y empezaba ya a tener unas ganas irrefrenables de llenar mis retinas con algo más de lo que me ofrecía la facultad por si sola.
Zoran Music nació en lo que ahora es Italia; en Viena y Praga se empezó a interesa por el arte, y cursó los estudios de Bellas Artes. Estuvo viviendo en Madrid por su interés en grandes artistas españoles. Tras en estallido de la Guerra Civil se trasladó a Barcelona, y tras el de la IIª Guerra Mundial regresa a su ciudad natal y luego a Venecia, donde permanece hasta ser deportado al campo de concentración de Dachau.
 
La principal característica de éste autor, que marca la mayor parte de su obra, fue la estancia en dicho campo de concentración nazi. La horrible experiencia que vivió el hombre, cambió su concepción sobre la vida y la muerte. Se exhibían dibujos rápidos de montañas de cadáveres que Zoran copió al natural durante su estancia en Dachau de manera clandestina. Esa era su cotidianeidad, realmente no tenia otra cosa que dibujar, vivía rodeado de muerte, consciente de que él podría ser el siguiente. Sus bocetos eran registros casi periodísticos de horror que se vivió.
 
Tras ser liberado volvió a Venecia a pintar paisajes de acuarela lo bello de la vida, tal como hacia antaño, pero se preguntaba si realmente era libre, si no había nadie vigilándole en aquel momento, si no debía seguir escondiendo sus dibujos, tal como hacía cuando estaba en Dachau. Su visión de la vida, definitivamente, ya nunca fue la misma.
 
Se sintió atraído por los paisajes de las montañas rocosas de los alrededores de Siena, pero éstos le empezaron a recordar los muertos amontonados. Por primera vez esa turbulenta vivencia volvía a sí.
 
Viajó a París, intentó adaptarse a las nuevas corrientes artísticas que revolucionaban el arte en aquellos tiempos. Todos los grandes artistas y los grandes críticos giraban en torno a la abstracción, y se vio forzado a adaptar su estilo, si quería seguir perteneciendo a ése mundo.
 
Buscó y buscó como pudo la esencia de lo representado, intentando huir de la figuración. Tanto buscó que perdió el sentido de su obra, aquello que para él era cierto. No encontró el camino que buscaba. Se encontraba perdido y frustrado por su intento fallido. Fue entonces cuando resurgieron los cadáveres. Empezó a pintar pilas y pilas de cadáveres como los que retrataba en Dachau, siempre con un estilo muy esencialista pero que no se alejaba de la figuración.
 
La oscuridad que le había envuelto en aquella época salía ahora a la luz en sus obras. Un compañero le había dicho en aquel entonces, que ellos serian los últimos en ver aquello, quizás como una manera de aliviar su desgracia pensando que, por lo menos, a raíz de aquellas atrocidades, las futuras generaciones habrían aprendido la lección y no volverían a repetirlo. Fuera lo que fuera por lo que lo dijo, aquellas palabras se le quedaron grabadas a fuego en la memoria de Zoran, y ello se refleja en los títulos de sus obras. Gran cantidad de aquellas que retrataban montañas de cadáveres se titulaban “No somos los últimos”.
 
Con el tiempo abandonó esa temática tan directamente lúgubre, y se dedicó (además de los paisajes de exteriores e interiores) a retratos de carácter filosófico, representando la soledad y la meditación. Ese es el punto final de la exposición, que mas que darla por terminada, invita al visitante a reflexionar sobre los horrores de los que nos ha hecho ser testigos. La crueldad del hombre hacia el hombre. El camino forzado hacia la muerte.
 
Salí realmente conmocionada de la exposición, y no he esperado más que las horas de clase que no podía obviar para escribir mi relato sobre ésta. En parte, solo en parte, me sentí identificada cuando leía sus palabras sobre la frustración que sentía por no saber adaptarse a la abstracción, a raíz de lo cual tocó lo mas oscuro de su ser. Algo semejante he vivido, aunque sin tanta presión (no vivo del arte, solo estudio sobre él), ni un fondo, desde luego, tan oscuro.
 
De alguna manera me gusta pensar que el arte le mantuvo cuerdo durante su reclusión en Dachau, pues no parece difícil enloquecer rodeado de tanta crueldad, y con una vida tan incierta y precaria. Me gusta creer que en la época en que mas montañas de cadáveres dibujó, sacó de si todo lo oscuro que quedaba en su ser, y muriera al menos en paz y tranquilidad. Y para finalizar, me gustaría creer que su tan repetido No somos los últimos, no sea un vaticinio, y no se vuelva a repetir un holocausto como el que azotó en aquellos tiempos.

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Publicado por en 22 abril, 2008 en txt

 

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