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Capítulo 1

28 Nov
La noche transcurria con calma. Horas de coche, en la carretera, camino a quien sabe donde. Ni luna llena. Ni cielo perfectamente despejado y estrellado. Una noche normal.
 
Luces delante, luces detrás, y a ambos lados. El resto: oscuridad. Automóviles anónimos viajando a nuestros lados. Más rápidos, más lentos, pero ninguno igual. Rodeados pero solos.
 
Rugidos de motores, zumbidos veloces, incluso chirridos. Con esfuerzo: algún animal, algún susurro, algún murmullo natural. Pero en realidad: silencio.
 
Aumentó la humedad y las nubes. Grises y esponjosas, moteadas de cielo. Contadas lágrimas acariciaban el vidrio. Suaves y frias gotas que observaba atónito. Mi cálido aliento empañaba los cristales. Lo rocé. La humedad y el frio traspasaron la barrera, y se aferraron a las llemas de mis dedos.
 
Se condensaron nuevas gotas, que resbalaron lentamente. Tras el vidrio, agua. Tras el agua, vidrio. Y tras éste: ella. En la oscuridad de su vehículo solo pude distinguir los matices de su perfil.
 
Fue, sin embargo, una experiencia inimitable. Aun con lo poco que los ojos me permitían ver, pude intuir el brillo de sus ojos, la humedad de sus labios, el color de su aroma, de naranja melocotón, aterciopelado, que envolvía su cuerpo cual aura misteriosa y suave, expandiendose lentamente con cada latido de su corazón.
 
Con la pausa mas serena del mundo, movió ligeramente el rostro. Entonces pude apreciar la ligereza de sus cabellos, y los volúmenes que formaban su sedoso rostro, iluminado por la escasa luz, mezcla de foco y reflejos prismáticos, cuyo brillo, sin embargo, parecía incidir mas fuerte sobre su ser.
 
El movimiento se prolongó a una velocidad extremadamente lenta y constante. Nuestras miradas coincidirían, iban a hacerlo. No me sentía digno de mirar a los ojos de tal diosa. No creo que me mereciera el honor de su mirada. Y pensar en esa posibilidad casi frena mi corazón.
 
Bajé la mirada rápidamente, durante unos eternos segundos. Al elevarla de nuevo, por las ansias de adorar la visión de la diosa, ya no estaba. Nuestros caminos se habían bifurcado y separado. Quien sabe hasta cuando.
 
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Publicado por en 28 noviembre, 2006 en Encuentros, Relatos

 

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