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El rey Arturo y el Santo Grial

11 Sep

La historia empieza con Gorlois el rey de Cornualles (con corte en Tintagel) y su esposa Ygraine, de la que Uther Pendragón, rey de toda Britania, estaba enamorado y cuya hija se llamaba Morgana. Uther acudió a Merlín, un mago, y éste le concedió a Uther la oportunidad de saciar sus ansias de amor con Ygraine dándole la apariencia del rey Gorlois mientras éste se encontraba fuera del castillo. Solo pidió algo a cambio, el hijo que ambos engendraran debía ser entregado a Merlín en el momento de su nacimiento.

De aquella noche de amor y desenfreno, efectivamente, Ygraine quedó embarazada, y dio a luz a un varón del que Merlín se apoderó con su magia. El pequeño fue llamado Arturo, y Merlín lo cedió a un noble llamado Héctor para que lo cuidara junto a su hijo Kay, algo mayor. Así se aseguró de ocultar la sangre real de Arturo.

Con el tiempo, el rey Gorlois murió, y Uther Pendragón sedujo para sí a la hermosa Ygraine. Pero jamás le explicó la verdadera historia de su desaparecido hijo.

Durante su infancia, Arturo fue entrenado como caballero por su padre adoptivo y su hermanastro, mientras Merlín le enseñaba todo tipo de artes, incluidas las mágicas, haciendo de él un muchacho culto, fuerte, inteligente, y por decirlo de alguna manera, completo.

Cuando Arturo era aun un muchacho, su desconocido padre, Uther Pendragón, murió sin descendencia conocida, dejando a toda Britania sin gobernante. Los nobles empezaron a disputarse el mandato, pero como es de esperar no consiguieron ponerse de acuerdo. Para solucionar el entuerto acudieron al sabio mago Merlín, quien clavó fuertemente una espada mágica en un yunque de hierro. Solo la conseguiría sacar aquel que estuviera destinado a ocupar el puesto de rey, y así lo indicaba en una inscripción que tenía la espada hecha con letras de oro.

Poco a poco, todos los hombres del reino, nobles y plebeyos, jóvenes y ancianos, y cualquier varón que pasara por ahí, intentaban arrancar la espada encantada empleando todas sus fuerzas. Pero nadie lo consiguió, y Britania seguía carente de rey.

Un buen dia, Kay acudió a un torneo con su hermanastro Arturo como escudero. Cuando le llegaba ya el turno a Kay para luchar, Arturo se percató de que se había olvidado la espada de éste y fue corriendo a buscarla, pero no la encontró, y de casualidad vió una flamante espada clavada en un yunque (de la que ni tan solo había oído hablar), y tranquilamente se acercó a ella y la sacó sin esfuerzo de su lugar mientras una fuerte luz blanca le iluminaba.

Todos estaban pendientes del torneo y no se percataron de lo que acababa de hacer el pequeño mozo. A Arturo le extrañó aquella luz blanca, pero había prisa y, sin darse cuenta de la inscripción, le entregó rápidamente la espada a Kay. Éste sí que se dio cuenta de que la espada no era suya, y al leer la inscripción pidió explicaciones a Arturo.

Explicaron los hechos a todos los presentes, pero la incredulidad les hizo volver a clavar la espada en el yunque y volver a probar de arrancarla uno por uno, aunque nuevamente solo Arturo lo consiguió. Reacios a creérselo, tuvo que venir Merlín para explicar la verdadera naturaleza real de Arturo, y así, todo el reino le tuvo que respetar como soberano, aunque tan solo tuviera 14 años.

Con el fin de establecer una paz duradera en el reino, Arturo creó la Orden de los Caballeros de la Tabla Redonda. La formaban un no muy abundante pero buen grupo de caballeros, nobles de corazón, de todo el continente euroasiático. El salón en que se reunían para discutir numerosos temas, en Camelot, disponía de una gran mesa redonda con tantas sillas como caballeros, cuyos nombres estaban grabados en oro. La mesa tenia tal forma con el fin de que nadie la presidiera, pues todos ellos, incluido el rey, se consideraban iguales y, aunque existía un mayor respeto por Arturo, no había establecida ninguna jerarquía.

Al final, Arturo resultó ser un buen rey y junto a su esposa la hermosa reina Ginebra, se ganó la confianza y aprobación de toda la corte y el pueblo. Aunque las batallas fueran escasas, las había, y fue en una de ellas que rompió la espada que le había echo llegar a rey. Fue entonces cuando acudió a la Dama del Lago, quien le entregó una espada mágica e indestructible, Excalibur. Desde entonces la paz volvió a reinar con la ayuda de los Caballeros de la Tabla Redonda.

La mayor de las gestas de estos Caballeros, fue la búsqueda del Santo Grial, el cáliz del cual bebió Jesucristo en la última cena. En ese mismo cáliz recogió José de Arimatea la sangre de las heridas de Jesucristo en la cruz, y fue llevado y escondido en un castillo de Glanstonburry, en Inglaterra. Desde que contuvo su sangre, el Grial otorga la juventud eterna a todo aquel que beba de él.

Los Caballeros no lo buscaban con ansias de poder sino para evitar, justamente, que otros se aprovecharan de sus poderes, por lo que su misión era encontrarlo y esconderlo. El cáliz solo podía ser rescatado por un caballero puro de vida y corazón, por ello fue Perceval “el galo” (un Caballero de la Tabla Redonda de los mejores) quien se encargó de hallarlo y recuperarlo.

Una vez salvado el Grial del castillo, juntos se ocuparon de esconderlo allí donde nadie lo encontraría. Existen testimonios escritos de monjes que aseguraban que se encuentra en el monasterio de Montserrat. Allí lo escondieron Arturo y sus hombres, en una montaña que, de manera intermitente, desaparecía y volvía a aparecer, hasta que se sumergió definitivamente en una dimensión oculta, con el Grial en ella.

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Publicado por en 11 septiembre, 2005 en txt

 

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